Familias, nuevo blanco de “la migra”

Foto: Grassroots Leadership

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En medio del desierto de Nuevo México, en el remoto poblado de Artesia, el gobierno de Estados Unidos tiene encarcelados a cientos de niños y mujeres migrantes. El único delito que les imputa es haber cruzado la frontera sin documentos.

Aunque en los últimos meses la atención se ha centrado en los niños inmigrantes que llegan a EU no acompañados, hay otro grupo de menores que cruza con alguno de sus padres, o los dos. Y a diferencia de los niños que viajan solos, que son transferidos a albergues y reinsertados en ambientes familiares a la brevedad, la administración de Barack Obama ha optado por poner bajo llave a los menores que llegan acompañados por su familia mientras reciben sentencia en las cortes de inmigración, lo cual puede tomar meses.

Entre junio y agosto de 2014, el número de integrantes de familias inmigrantes detenidas en EU creció mil 100%, pasando de 100 a mil 200 en ese periodo, de acuerdo con un reporte de la organización Detention Watch Network.

Los nuevos detenidos fueron llevados primero a Artesia y después a otro centro similar en el condado de Karnes, Texas. La proyección es que a finales de 2014, con la construcción de un tercer centro de este tipo —a los cuales las autoridades de inmigración eufemísticamente llaman “centros residenciales”—, también en Texas, el número rebasará las tres mil 500 camas para integrantes de familias, incluyendo niños. Sigue leyendo

Los otros “Dreamers”

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Para el gobierno de México hay activistas de primera y de segunda. La semana pasada, 40 dreamers fueron invitados por la administración de Enrique Peña Nieto para que visitaran México, su país natal. Sin embargo, la Secretaría de Relaciones Exteriores “olvidó” convidar a otros dreamers: muchachos deportados que, desde este país, buscan lo mismo que los agasajados: entrar y salir de las dos naciones que consideran suyas.

El 28 de septiembre Nancy Landa ingresó junto con otros 40 jóvenes al edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en la avenida Juárez de la Ciudad de México, para celebrar un encuentro con el canciller José Antonio Meade. Como los demás chicos, Nancy nació en México, pero también es estadunidense. Pasó la mayor parte de su vida en aquel país, a donde llegó indocumentada cuando era menor de edad. Y como los demás, hoy está de vuelta en su patria natal después de muchos años. La diferencia es que los 40 jóvenes vienen de visita, y Nancy no: a ella la deportaron hace cinco años, llegó sin nada y no puede volver. Los otros muchachos, en cambio, atravesarán la frontera el siguiente fin de semana. Sigue leyendo

Indecisión de Obama pone en jaque al voto latino

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El 15 de septiembre por la tarde, en uno de los días más calurosos del año, un grupo de personas se reunió en torno a la estatua del monseñor Óscar Romero en el parque MacArthur de la ciudad de Los Ángeles.

Pancartas y algunos instrumentos musicales en mano, iniciaron una breve ceremonia a la que llamaron “el Grito Insurgente” y, con motivo de la conmemoración de la Independencia de México, lanzaron un reclamo: ni el gobierno de México ni el de Estados Unidos han permitido que exista un México independiente.

“En México no somos libres, pero Barack Obama tampoco lo es”, soltó el padre Alejandro Solalinde, fundador del albergue para migrantes Hermanos en el Camino en Ixtepec, Oaxaca.

Durante su visita a esta ciudad, el sacerdote se sumó a las decenas de críticas al presidente de Estados Unidos por fallar, una vez más, a su compromiso con la comunidad inmigrante para detener las deportaciones.

“Hay quien piensa que Obama es un rey, y que los gobiernos de nuestros países son sus virreyes; pero él depende de los poderes fácticos y del capital financiero, y por eso no ha podido, de manera independiente, cumplir su promesa a la comunidad latina que lo apoyó”, agregó Solalinde. “Obama tiene una deuda con los derechos humanos”. Sigue leyendo

Crecen grupos de odio en EEUU

Dos hombres en un auto llegaron a un estacionamiento en Carolina del Norte, en donde citaron a un reportero de la cadena Al Jazeera America. Le pidieron que los siguiera a un campo de girasoles; ahí bajaron del auto. Vistiendo túnicas blancas y capuchas puntiagudas que les cubrían cabeza y rostro, con dos agujeros a la altura de los ojos, los hombres se identificaron: eran miembros de Loyal White Knigths, un ala del grupo de supremacía blanca Ku Klux Klan (KKK).

Aunque la escena podría haber tenido lugar en los años 60, ésta, que circuló en medios de todo el país, ocurrió apenas el pasado 29 de julio. Robert Jones, como se identificó uno de los hombres, explicó al reportero que su grupo está molesto con la llegada de niños migrantes indocumentados a EU. “Si no podemos regresarlos, creo que disparándole a un par de ellos y dejando sus cadáveres en la frontera verán que hablamos en serio cuando decimos que hay que detener la inmigración”, dijo Jones.

Hasta 2013 existían 940 grupos de odio activos en EU, de acuerdo con el reporte que realiza cada año la organización Southern Poverty Law Center (SPLC). Sigue leyendo

Niños y adolescentes migrantes: Buscando a Fernanda

Foto: Aurelia Ventura

Son las 9:20 de la mañana cuando Mario Saavedra ingresa al edificio de oficinas marcado con el número 3550 del bulevar Wilshire, en Los Ángeles. Con camisa y pantalón de vestir impecablemente planchados, y los zapatos negros relucientes, sube al tercer piso y recorre puertas hasta llegar a una marcada con el escudo de Honduras: tiene una cita a las 9:30 para hablar con algún funcionario de su representación consular.

Una hora más tarde nadie lo ha atendido. Mario trata de mostrarse paciente, pero se desespera. Hace dos semanas recibió una llamada de las autoridades de inmigración de Estados Unidos: Fernanda, su hija de 14 años, fue detenida mientras ingresaba sin documentos al país por la frontera entre México y Texas.

Tras darle la noticia, una trabajadora social pidió a Mario sus datos y le dijo que alguien más se comunicaría con él; no le dio un número telefónico al cual llamar ni le dijo en dónde se encontraba la niña.

Días más tarde Fernanda le habló: estaba en un albergue, pero no le supo decir en dónde. La llamada fue puro llanto hasta que se cortó. Las llamadas desde los albergues no duran más de tres minutos y el número aparece bloqueado. Mario se quedó con el teléfono en la mano, sin saber qué hacer. Sigue leyendo

Sin papeles y sin salud

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El primer día de 2014, Gaby Pérez inició una cuenta regresiva: diez, nueve, ocho, siete. Sabía que el 11 de enero, cuando la cuenta terminara, la vida le iba a cambiar. Cualquier chica habría estado entusiasmada por cumplir 21 años, pero ella veía pasar los días con angustia. Seis, cinco, cuatro. El 10 de enero recibiría su último paquete con insumos médicos: una caja con 30 sondas, indispensables para orinar.

Tres, dos, uno, cero: el 11 de enero, después de 19 años de recibir atención médica por parte del gobierno estadounidense, Gaby cumplió la mayoría de edad y la puerta se le cerró: para el sistema de salud de este país, Gaby no existe más. Feliz cumpleaños.

Gaby es una de los 11 millones de habitantes de Estados Unidos que la reforma de salud, la ley conocida como Obamacare -cuyo nombre oficial es Ley de Acceso a la Salud-, dejó en el olvido. De acuerdo con la iniciativa que tanto capital político costó al presidente Barack Obama, a partir del 1 de enero de 2014 todos los ciudadanos estadounidenses deberán haber contratado un seguro de salud a precio accesible, salvo algunas excepciones, so pena de recibir una multa económica. Sigue leyendo

La violencia como excepción

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Hace unos días me invitaron a participar en una conferencia sobre el estado de la prensa en México y los retos que enfrentamos quienes colaboramos en medios en ese país o cubrimos temas vinculados con él.

El evento fue organizado por el Center for US-Mexican Studies de la Universidad de California San Diego (UCSD). Durante un par de días se habló de historia de la prensa en México, sobre censura y libertad de expresión; se hizo un recorrido por la relación entre los medios y el poder, y tanto los panelistas como la audiencia estaban marcados por el sello de la binacionalidad: académicos y periodistas provenientes de Boston o de Culiacán, hicieron presentaciones y participaron en debates por demás iluminadores.

Cuando llegó mi turno, tuve el privilegio de compartir la mesa con personas a quienes admiro y respeto: Rafael Barajas “El Fisgón”; Vicente Calderón, de Tijuana Press; Sam Quiñones, ex corresponsal del diario LA Times en México, o el sensacional Javier Valdez Cárdenas, fundador del semanario Ríodoce de Sinaloa, ganador del PEN Club Award.

Sentado junto a mí se encontraba Javier Garza, quien fue director del diario El Siglo de Torreón durante el sexenio de Felipe Calderón. El Siglo fue de los pocos medios que continuó haciendo una cobertura certera durante los años en los que la violencia y la extorsión se ciñeron en la región de La Laguna y callaron las prensas. El trabajo bajo amenaza y ataque ha sido el signo de sus periodistas en estos años. Con esta experiencia, Garza diseñó el protocolo de seguridad que hoy se sigue en varias redacciones del país para proteger a sus periodistas. Sigue leyendo

Gabriel García Márquez y el mejor oficio del mundo

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–Y mire, la casa de allá; no, no esa, la de al lado: esa es la casa de Gabrielgarciamárquez Premionóbel. Pero por aquí no viene nunca, ¿eh? Él vive en México.

Era de noche e íbamos en un taxi Liliana Alcántara, María Eugenia González y yo. Habíamos pasado todo el día, uno de esos días de sudor que te pega la ropa al cuerpo, encerradas con otros once talleristas en el edificio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena de Indias, Colombia. Era julio de 2002, hacía un calor del carajo, y nos habíamos ido a dar un baño al hotel antes de robarle horas al sueño para caminar por la ciudad amurallada que al anochecer se pinta con la luz color ámbar.

Como decenas de periodistas antes que nosotras, y como cientos más en los años por venir, empezábamos a reconocernos como parte de esa generación que ha pasado por el edificio de la calle San Juan de Dios, con sus techos altísimos, sus escaleras angostas de barandales de madera indestructible, y los balcones que asoman a los muros del templo de San Pedro Claver. Una generación que en las aulas de piso de ajedrez ha aprendido que el periodismo se hace con ética, con investigación y sin comillas; caminando las calles, escuchando, preservando la capacidad de sorpresa, y escribiendo, y borrando, y volviendo a escribir. Echando el cuento, pues. Sigue leyendo