Hillary, en marcha

A un año y medio de que se celebre la elección presidencial de Estados Unidos, Hillary Clinton ya tiene lista su agenda, el discurso y el mensaje. Y como muestra de ello, en días pasados participó en la convención anual de la Asociación Nacional de Oficiales Electos Latinos (NALEO). Newsweek en Español estuvo presente en dicho evento.

 

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LAS VEGAS, Nevada.— Hillary Clinton domina el discurso perfecto. En los 45 años que han transcurrido desde que pronunció su primera gran pieza de oratoria, durante su graduación del Colegio Wellesley, la aspirante a convertirse en candidata presidencial por el Partido Demócrata ha pulido y depurado el arte de decir lo que otros desean escuchar. Doce años como primera dama de Arkansas; ocho como primera dama de Estados Unidos; ocho más como senadora, y cuatro como secretaria de Estado, se traducen en la capacidad de dar un mensaje con fuerza para convencer al público más escéptico.

El pelo luce un poco diferente; el calculado peinado en esta ocasión se ve más fresco y natural. La blusa color perla, bajo el collar de cuentas también aperladas, da un toque de luz al saco negro. Parada sobre el estrado del salón Juniper del centro de conferencias del hotel Aria, en Las Vegas, Hillary usa las dos manos al hablar; las eleva en el aire y voltea a uno y otro extremo del recinto para abarcar con la mirada a la audiencia, formada por políticos latinos de todo el país —congresistas federales y estatales, secretarios de Estado, líderes de partidos— que se congregan una vez al año para discutir los asuntos prioritarios en la agenda política de los hispanos de Estados Unidos.

“Sé lo difícil que resulta ponerse uno mismo en la línea para ocupar un cargo público; aceptar un nombramiento que va a exigir todo de ti, a veces en medio de la controversia”, arranca su intervención, el primer hit de la tarde, con un cortejo directo a su audiencia. “Gracias, gracias por aceptar ser líderes al servicio de los demás.”

Hillary modula la voz, habla con cadencia y con impecable dicción. Cuando el momento lo amerita, hace las pausas suficientes para permitir el aplauso; enfatiza cuando es preciso, sonríe cuando es conveniente y entrega, como siempre, el mensaje a la medida. No es que escriba un discurso nuevo para cada ocasión; es que Hillary Clinton sabe que el buen político, como el buen vendedor, conoce a su cliente. Y al cliente lo que pida.

Han pasado diez semanas desde que la ex primera dama anunció su intención de buscar por segunda vez la candidatura del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos. En la primera ocasión, durante la elección primaria de 2008, la abogada graduada de la escuela de leyes de Yale fue vencida por el tsunami en el que se convirtió la ola de esperanza iniciada por Barack Obama. Entonces, Hillary aprendió varias lecciones. Una, que el apellido Clinton no es suficiente, y que puede representar una desventaja. Dos, que para ir tras un voto nuevo no se puede emplear un discurso viejo. Y tres, tal vez la más importante —la que aprendió cuando subía y bajaba de aviones durante la campaña mientras su contrincante de partido recorría los estados en un autobús—: que para ganar es necesario acercarse a la gente; hablar de lo que a la gente le importa, desde la trinchera de la propia gente.

Tal vez por eso en este salón de centro de conferencias en Las Vegas, Hillary aborda asuntos que tocan a todos. Habla sobre la muerte de nueve personas en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur, ocurrida recientemente; comparte una postura enfática sobre el control de armas. Habla sobre niños y jóvenes, sobre campesinos y trabajadores. Sobre salud y educación, sobre trabajo y crianza; sobre su madre, su hija y su nieta. Lo dice a los padres y madres, a los tíos y tías que hay en cada uno de estos funcionarios públicos, y lo dice como una de ellos. Hillary usa un tono que parece salido del corazón. Sabe que en este momento y en este lugar, ese es el discurso perfecto.

ESPERANDO A HILLARY

Es 18 de junio y, a unas horas de que se instale formalmente el verano, el oasis literalmente en medio del desierto que es Las Vegas, arde a 42 grados centígrados; pero como es costumbre, en el interior de los hoteles y sus salones el termómetro marca la temperatura que el visitante quiera. Por eso los hombres pueden lucir traje y corbata; las mujeres visten la formalidad del atuendo de negocios, y los saludos en inglés salpicados de acento latino y de alguna palabra en español acompañan las sonrisas frescas que circulan por el lobbyy los pasillos del lugar.

A lo largo de los últimos 32 años, la convención anual de la Asociación Nacional de Oficiales Electos Latinos (NALEO), conocida también como la “convención política latina”, se ha convertido en un evento que congrega a lo más destacado de la clase política hispana en Estados Unidos. Surgida en 1976 con el objetivo de crear un foro nacional para discutir los asuntos políticos de la comunidad latina, y para formar a las nuevas generaciones de sus líderes, NALEO cuenta con seis mil miembros y ha desarrollado un músculo que incluye desde el secretario del Trabajo, Julián Castro, y el secretario de Estado de California, Alex Padilla, hasta concejales, alcaldes e integrantes de los gobiernos municipales y las juntas escolares. En los últimos años, la organización ha lanzado iniciativas como la campaña “Ya es hora, ¡ciudadanía!”, que logró convertir a un millón de residentes legales en ciudadanos, y por tanto en nuevos votantes.

Durante los tres días que dura la convención, los asistentes aplauden a rabiar a Castro, quien junto con su gemelo Joaquín, congresista, se ha convertido en la joven promesa de los demócratas latinos —hay quienes han sugerido que Julián podría ser un buen candidato a la vicepresidencia, construyendo un ticketClinton-Castro—. También ha venido algún líder republicano, como el neurocirujano Ben Carson, el único de los más de doce aspirantes a la candidatura por el Partido Republicano que aceptó la invitación para hablar con los representantes latinos —a pesar de que tres de cada diez miembros de NALEO son de afiliación republicana—. El también aspirante Bernie Sanders, senador por el Partido Demócrata, se presentará al día siguiente; pero la emoción, las ganas de todos los asistentes, están concentradas en el discurso programado para el mediodía del jueves.

Hillary Clinton no tiene un puesto formal en la política estadounidense; su último cargo fue el de secretaria de Estado, al cual renunció a finales de 2011. Sin embargo, dada su condición de exprimera dama, la ley establece que tiene derecho a ser protegida por el Servicio Secreto estadounidense por el resto de su vida, de manera que el aparato de seguridad que la rodea es el de una funcionaria de Estado.

El día de su presentación ante los miembros de NALEO, las medidas de seguridad se redoblan y los empleados del hotel están nerviosos. Al salón Juniper sólo pueden entrar quienes se han registrado previamente, incluida la prensa; no hay registro de último momento. Tres días antes del evento, un aviso llega por correo electrónico: la revisión será “similar a la de los aeropuertos”. No se puede entrar con bolsos grandes, objetos punzocortantes ni sombrillas. No se pueden introducir líquidos al salón. Es preciso llegar con anticipación, el área se cerrará una hora antes de que inicie el discurso. Una vez cruzado el cerco de seguridad, no se podrá salir; quien desee ir al baño, tendrá que empezar el proceso de nuevo.

Hillary hace su entrada al salón y entrega cuarenta minutos de discurso que, como ocurre en estas ocasiones, no dice nada nuevo. Los actos de campaña —y este sin duda lo es— son oportunidades para presentarse ante quienes pueden tener influencia durante una contienda electoral y para reafirmar posturas, de manera que no haya lugar a la ambigüedad. Y Hillary se encarga de que no la haya.

“Tuve la oportunidad de conversar con trabajadores, la gente que mantiene este hotel y esta ciudad operando día y noche. Las Vegas no existiría sin los cocineros y lavaplatos que trabajan de pie todo el día”, dice la candidata, y los asistentes la interrumpen con el primero de varios aplausos estruendosos que aparecerán en los momentos clave de su intervención. “Y las recamareras, y los meseros”, agrega asintiendo con la cabeza, satisfecha. La entrega del mensaje ha comenzado.

EL MENSAJE ES EL MEDIO

Si los republicanos no llegaron al evento en el que participaría Hillary como oradora, lo que sí hicieron fue iniciar una campaña en su contra unas horas antes de su presentación en Las Vegas, a sabiendas de la relevancia mediática y política de la conferencia de NALEO. Con el lanzamiento del promocional titulado “Hipocresía”, un video publicado en inglés y en español en el cual se ponen en duda las intenciones de la candidata para impulsar una reforma migratoria, el Partido Republicano envió un mensaje mediático contundente: Hillary ha dicho que las empresas no deben contratar trabajadores indocumentados. Hillary ha dicho que una parte de los niños migrantes centroamericanos debe ser regresada a sus países de origen. Hillary miente, como mintió Barack Obama, quien prometió que habría reforma migratoria durante su primer año de gobierno.

Pero Hillary no se inmuta. “Tenemos a muchas familias diseminadas por diferentes países, incluso diferentes continentes, separadas por prisiones, por deportación o violencia”, suelta enérgica frente al micrófono. Recuerda que la familia es la columna vertebral de Estados Unidos, y acto seguido lanza la ofensiva: “Ofrezco de una vez por todas solucionar el sistema de inmigración que no funciona. Es un asunto económico, pero es un asunto de familias también (…) así que me opondré a quien haga cualquier intento de exponer a los dreamersa la deportación”, agrega en referencia a los jóvenes indocumentados que llegaron al país siendo menores de edad. “Y si el Congreso continúa rehusando actuar, haré todo lo que esté en mis manos como presidenta para ir incluso más lejos de lo que el presidente Obama ha hecho.” La afirmación, realizada con calculada energía, le gana el aplauso más intenso de la tarde. El segundo golpe ha surtido efecto.

“Tuve la suerte en el transcurso de mi vida de conocer a gente que en ese entonces no se llamaban dreamersporque el término aún no se adoptaba, pero que eran hijos de trabajadores campesinos que contribuyeron tanto a este país; de los inmigrantes que tal vez vinieron sin papeles, pero con el ardiente deseo de hacer lo máximo con su potencial.” Regresa el aplauso. Hace una pausa. Prepara el tercer golpe. “Los conozco, ustedes los conocen. Hay tanta gente con profundos vínculos y contribuciones a este país, como muchos padres de dreamersque merecen una oportunidad de quedarse. Y voy a pelear por ellos también.” Aplauso de pie.

Un par de días antes, otro aspirante a la candidatura republicana, Donald Trump, lanzó su propia ofensiva: desde el lobbyde la torre que lleva su nombre en Nueva York, el empresario anunció su intención de contender por la presidencia de Estados Unidos acusando a México de enviar a este país drogas, criminales y violadores; y prometió construir un gran muro en la frontera sur y deportar a quienes no cuentan con documentos migratorios.

Sin hacer alusión directa a Trump, y suavizando notablemente el tono de voz —la abogada que ofrece el cierre de argumentos—, redondea: “Cuando oigo palabras de odio y enojo dirigidas a cualquier ser humano, me pregunto: ¿qué lo motiva? La gente que siente tanto odio y enojo, ¿se ve en el espejo y se da cuenta de que también es humano? ¿No aprendieron las mismas lecciones que aprendí yo en la escuela dominical? ¿No escucharon los mismos himnos que decían que todos somos uno? Debemos trabajar juntos para construir un país donde todos se sientan incluidos.” Hillary se lleva el round.

GRANDMA HILLARY

El 27 de septiembre de 2014, Hillary Clinton envió un mensaje desde su cuenta de Twitter. “¡Bill Clinton y yo estamos emocionados por ser abuelos! Uno de los momentos más felices de nuestra vida.” El tuit incluía una foto del matrimonio Clinton cargando a la pequeña Charlotte, primogénita de su hija Chelsea, quien nació un día antes.

A partir de entonces, el tono de Hillary ha cambiado. Tuits sobre niños y desarrollo infantil temprano; una cuenta de Pinterest en la que se comparten ideas para hacer regalos a los nietos, y el hashtag#grandmothersknowbest, han desatado los comentarios de columnistas pronosticando el uso de esta imagen como estrategia de campaña. “Hillary Clinton: Granmother in Chief”, tituló un artículo el columnista Peter Beinart en la revista The Atlantic—en referencia a commander in chief,el cargo de jefe de las fuerzas armadas de Estados Unidos que ostenta quien llega la presidencia de ese país—. La pieza va acompañada por una fotografía de Hillary haciendo sombra con la mano al rostro de un bebé para protegerlo del sol.

“Yo sé, yo sé que hay gente que está preguntándose: ‘Si está postulándose para ser presidenta, ¿por qué está hablando de niños, y de bebés, y de educación temprana? Debería hablar de los asuntos que son realmente importantes’”, suelta a la mitad de su discurso en Las Vegas con un tono que pretende ser naïve. “Esto no es solamente porque soy madre y abuela; es porque si vamos a preparar a nuestros niños para los empleos del mañana, debemos tomarnos en serio la tarea de darles todas las oportunidades para tener éxito.”

Lo que sigue es una serie de planteamientos que —matices aquí, ajustes allá— se repetirán durante los discursos por venir en los próximos meses, siempre aderezados por las cifras que apoyan la legitimidad de la consigna. Acceso a la universidad para todos los jóvenes que deseen seguir estudiando, y estímulos fiscales para quienes les den empleo: casi seis millones de chicos entre dieciséis y veinticuatro años no trabajan ni estudian. Apoyos para los padres que trabajan, para que puedan dedicar más tiempo a sus hijos: una cuarta parte de los niños menores de cinco años en Estados Unidos son latinos. La defensa del uso del español, de la formación de niños bilingües desde temprana edad: 80 por ciento de las capacidades del cerebro se desarrollan antes de los tres años.

“Así que mientras más le hables en español a tu hijo, más pronto se echarán a andar las neuronas, la sinapsis. Y la oportunidad de que tu hijo esté preparado para hablar español será mayor; cosa que yo envidio, dado que con trabajos soy monolingüe.” Risas. Aplausos. “A donde quiera que voy, cuando veo niños bilingües siempre les digo ‘¡eres tan listo!’, porque lo son; sus padres, sus familias, sus maestros les han ayudado a serlo.”

En un salón con mesas completas reservadas para funcionarios de los distritos escolares, las palabras son bien recibidas. Y también las siguientes frases. En menos de dos minutos la candidata menciona a las mamás y a los trabajadores, a los veteranos y a los padres —“nadie tendría que elegir entre recibir un cheque de pago o cuidar de un bebé enfermo”— en una mezcla de abuela respetable y política curtida que a todas luces será el sello de esta campaña. Una Hillary que, a diferencia de la que se vio en 2008 —calculadora, conocedora de los recovecos de la política, a la altura de sus oponentes—, hoy se permite hablar de su historia personal.

“Aprendí esto no de la política, sino de mi madre. Ella nunca dejó que me vencieran los ataques o los obstáculos. En sus últimos años vivía con nosotros y me enseñaba las mismas lecciones: yo llegaba a casa del Senado, o del Departamento de Estado, y me sentaba en el desayunador; ella me daba algo de comer y yo le contaba mi día. Aún recuerdo su voz: la vida no es lo que te ocurre, es lo que sabes hacer con lo que te ocurre.” El penúltimo aplauso cae justo antes de su frase final: promete luchar por un país “en el que un dreamerpueda ver sus sueños convertidos en realidad. Donde un padre pueda decir a su hija: puedes ser lo que tú quieras. Incluso, presidente de Estados Unidos”.

Diez minutos más tarde, Hillary aún no logra llegar a la puerta de salida, donde los agentes del Servicio Secreto esperan nerviosos. Los asistentes siguen tomándose selfiescon ella, hablándole, entregándole papelitos con una nota. Alex Padilla, secretario de Estado de California y presidente saliente de NALEO, sonríe satisfecho.

“Nos ha presentado sus propuestas y ahora nosotros decidimos. A este foro se invitó a todos los candidatos de los dos partidos: a [los republicanos] Marco Rubio, Ted Cruz y Jeb Bush, a todos los que anunciaron su candidatura; a quienes no aceptaron venir, eso les afecta más que a los miembros de NALEO. La comunidad latina está dispuesta a apoyar a cualquier candidato que represente mejor nuestro interés y conozca nuestros sacrificios y prioridades. Si es un candidato latino, qué bien; si no, votaremos por quien creamos que va a luchar mejor por nosotros. Reconocemos a los candidatos latinos y a los no latinos que hacen el esfuerzo de hablar con nuestra comunidad y dar su visión sobre lo que nos afecta.”

Como parte del balance de los últimos años, Padilla reconoce el principal pendiente en la agenda de los políticos latinos: la aprobación de una reforma migratoria integral. “Pero estamos seguros de que en los próximos dos años, un presidente, o una presidenta, lo podrá lograr.”

El mensaje ha sido recibido.//

*Publicado en Newsweek en Español.

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