Latinos en las fuerzas armadas de EEUU

veteranos

El lunes pasado fue un día feriado en Estados Unidos con motivo del Memorial Day, o Día de los Caídos. Este es el día que dedica el pueblo estadounidense a recordar a quienes han muerto en el servicio militar, ya sea en el Ejército, la Marina o en el grupo de élite conocido como los Marines.

Este año tuve la oportunidad de presenciar la ceremonia del Memorial Day realizada en el Cementerio Nacional de Riverside, en California. Este es el tercer cementerio militar más grande del país, y el que ha recibido la mayor cantidad de restos de militares desde el año 2000. Por mucho que uno haya visto las imágenes en el pasado, en películas, o que haya leído historias, no deja de ser conmovedor ver a las familias recordando a sus seres queridos muertos en combate; lo mismo a un joven de 22 años que no volvió de Irak, cuya fotografía lleva en brazos una jovencísima viuda, que a un compañero de batalla que cayó en Vietnam, recordado por un veterano de esa guerra.

Esta fecha siempre trae consigo sentimientos mezclados. Por una parte, quienes consideran que estas muertes son el precio que hay que pagar por la libertad de la cual se goza en este país; por otra, las denuncias de aquellos que consideran que algunas de estas guerras sirven a intereses creados por los grandes poderes económicos y políticos nacionales, que usan a quienes se enlistan en las fuerzas armadas como herramienta desechable para alcanzar su fin –y más allá de la interminable polémica en torno esta discusión, la realidad es una: el muerto, muerto está, y el dolor del que se queda perdura.

Entre los rostros de dolor que vi durante la ceremonia del lunes pasado, me llamó la atención la gran cantidad de latinos en el lugar. Algunos portaban las insignias de sus batallones, de los grupos que formaron con otros veteranos una vez que volvieron a casa, o de los sitios a los cuales fueron enviados. Los nombres de Vietnam, Irak y Afganistán, bordados en escudos y portados en sacos y chalecos, se repetían bajo los rostros morenos de hombres con apellidos como Rodríguez, Gutierrez o Lanas.

De acuerdo con el Departamento de Defensa estadounidense, los hispanos conforman más del 11% de las fuerzas militares activas del país, unas 157 mil personas. Algunas agencias son más populares que otras; la Marina cuenta con 14% de integrantes latinos, y en el caso de los Marines la cifra es del 15%. Y los números tienden a ir a la alza. En 2011, 17% de los nuevos reclutamientos fueron de hispanos, un incremento del 3% con respecto a 2005.

Todo indica que esta tendencia continuará en la medida en que los cambios en las leyes migratorias que se discuten en Washington, D.C., contemplen un camino a la ciudadanía para algunos inmigrantes indocumentados a través del servicio militar -tal como lo han contemplado las diversas versiones de la iniciativa DREAM Act. A esto se suman las agresivas campañas de reclutamiento en las comunidades latinas bajo el eslogan “Yo soy el Army”, en español, usualmente encabezado por reclutadores también latinos que en ocasiones incluso visitan directamente los hogares de la familias de este grupo étnico, lo cual no es habitual en vecindarios con habitantes de otras nacionalidades. En estos casos, uno de los incentivos utilizados por los reclutadores es el acceso de los jóvenes a la educación superior a través de su incorporación las fuerzas armadas. En una encuesta realizada por la organización RAND, 12% de quienes se enlistaron mencionaron esta como la principal razón para hacerlo.

Sin embargo hay otra cara de la moneda en el reclutamiento entre latinos que no siempre es visible. De acuerdo con el Departamento de Veteranos de Estados Unidos, de los 1.2 millones de veteranos hispanos en el país, 39% sufre síntomas de estrés post traumático (PTDS), una condición con la que deberán vivir el resto de sus vidas, en contraste con, por ejemplo, 15% de los veteranos en general que han regresado de Irak o Afganistán.

Aunque las razones son variadas, parte de la explicación a este fenómeno se puede encontrar en el hecho de que dentro de las fuerzas armadas los latinos aún tienden a ser discriminados por su raza o grupo étnico. Un reporte de la Sociedad de las Fuerzas Armadas menciona que 27% de los hispanos encuestados mencionaron haber sido discriminados en la unidad a la cual pertenecían en ese mometo, y 19% dijo haberlo sido durante el proceso de enlistamiento. Este factor contribuye al incremento de algunos síntomas del PTSD. Paradójicamente, son los miembros de este grupo étnico quienes, en ocasiones por razones culturales, no acostumbran a pedir ayuda o a reconocer que enfrentan un problema psicológico posterior a la experiencia en el frente que requiere atención médica.

Curiosamente esta tarde, mientras buscaba los datos para escribir esta columna, recordé una arista más en este tema: el caso de una joven veterana latina, Ekatherine Bautista, a quien conocí en 2009. Originaria de Michoacán, México, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York esta joven decidió enrolarse para servir al país que la vio crecer. Bautista sirvió durante siete años en el Ejército. Estuvo en el frente de batalla en Irak y fue enviada a diversas bases militares. En 2009, mientras se encontraba asignada en Alemania, recibió un memorándum: a pesar de sus años de servicio, el gobierno estadounidense iniciaba un juicio de deportación en su contra por ser una inmigrante indocumentada. Ekatherine volvió a Estados Unidos a mediados de ese año e inició un proceso legal de lento curso, como todos los procesos migratorios, imposibilitada para desempeñar cualquier otro trabajo en tanto no se resolviera su caso.

El último lunes de mayo de cada año, mientras la mayor parte de la población en Estados Unidos aprovecha el feriado para viajar o hacer una parrillada en casa, muchas de estas historias se cruzan en un cementerio nacional; y son los mismos latinos que han vuelto del frente, con sus cicatrices a cuestas -las del cuerpo y las del alma-, quienes recuerdan a los otros que no tuvieron la suerte de volver.

*Publicado en HuffPost Voces.

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