Tres precisiones sobre el voto de los mexicanos en el exterior

En días pasados leí un artículo publicado por el internacionalista Jordy Meléndez, quien además es un querido amigo, en uno de los espacios del portal mexicano Animal Político. En ese texto, titulado ’10 puntos sobre el voto de los mexicanos en el exterior’, el autor pretende explicar las razones por las cuales este grupo de votantes eligió como opción para la presidencia de México a la candidata del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), Josefina Vázquez Mota, por encima del candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador, y dejando muy lejos en los resultados al priísta Enrique Peña Nieto, virtual ganador de la elección federal.

La pieza (que se puede encontrar AQUÍ y a la que haré referencia a lo largo de este escrito) está bien redactada y contiene mucha información ‘dura’: cifras y porcentajes de los resultados, lugar de donde provienen los votos, comparativos con el 2006. Sin embargo el texto adolece de dos elementos fundamentales cuando verdaderamente se quiere comprender un fenómeno tan complejo como es el de los derechos políticos de la diáspora mexicana.

El primer elemento es el análisis del contexto en el que se ejerce el derecho al voto. A pesar de que el autor dedica un apartado a hablar del momento en el que se ‘ganó’ el derecho (hay que precisar aquí que lo que se ganó fue el reconocimiento legal del derecho, no el derecho en sí; este es inherente a la cualidad de ciudadano), nunca mencionó el que ha sido el principal factor de denuncia e inconformidad por parte de la comunidad mexicana en el exterior: la falta de credencialización para quienes vivimos fuera de México. Este detalle, omitido en todo el artículo, es el elemento que marca todo el proceso electoral más allá de las fronteras, que hace que las cifras no cuadren, y que por tanto provoca inexactitudes en buena parte del texto.

El segundo elemento es el testimonio directo. El uso de herramientas digitales como las redes sociales y otras plataformas, debería permitir a quienes hacen análisis desde la academia acercarse más al fenómeno que estudian. Destinar unos minutos a buscar el punto de vista de alguno de los sujetos a quienes se describe permite obtener una visión más cercana a las características reales del problema y a dar matices más precisos al escribir sobre el fenómeno que se analiza.

A continuación, tres observaciones generales al texto de Meléndez, que centraré en la diáspora mexicana en Estados Unidos, por constituir esta el 97% de toda la población mexicana fuera de su país.

1. En un par de apartados de su texto, Meléndez habla de “lo que sí se sabe” y “lo que no se sabe” sobre el voto de quienes viven fuera de México, y cuestiona el hecho de que sus preferencias electorales no sean un “espejo” de lo que se vive en el país.
Entre los datos que no se saben, menciona la distribución del voto: si quienes viven en cierta ciudad votaron por uno u otro candidato, si son viejos o jóvenes, etcétera. No existe ese desglose dado que todos los votos fueron enviados a un sólo lugar y el único dato con el que se cuenta es la ciudad mexicana de origen del votante, no la ciudad en la que radica; pero aún así, es posible con el conocimiento de las reglas del juego, inferir algunos de estos datos.

La reforma que reconoce el derecho de los mexicanos en el exterior a emitir su voto en la elección presidencial, estuvo acompañada de un reglamento que establece que dicho voto deberá emitirse por la vía postal y utilizando como documento de identificación la credencial de elector con fotografía. Sin embargo este reglamento no contempla la instalación de módulos de credencialización fuera del país, con lo cual el derecho queda invalidado para la mayoría de la población que vive en el exterior. Las razones son simples. En primer lugar, la credencial para votar con fotografía empezó a emitirse a principios de los años noventa. Quienes salieron del país antes de ese tiempo no cuentan con una, por tanto no pueden votar salvo que hayan regresado a México a tramitarla (y tres meses después a recogerla, ya que esto se tiene que hacer personalmente). Si consideramos que la migración se da en promedio entre los 20 y los 35 años de edad, es probable que quienes votaron cuenten con 55 años o menos de edad y/o lleven menos de 20 años fuera de México.

Aunque la cifra oficial de mexicanos en Estados Unidos es de entre 11 y 12 millones, tomando en consideración el factor de la credencial de elector, la edad de las personas, los porcentajes de migración en cada año y otros elementos, el IFE hizo un ajuste de sus cifras en 2006, estimando que serían cerca de 4 millones de personas quienes tendrían credencial de elector. Sin embargo esta estimación no tomó en cuenta varios factores. Quienes vienen a Estados Unidos de manera indocumentada difícilmente conservan una credencial de elector de México; una regla tácita al cruzar la frontera sin papeles es destruir cualquier documento que pueda evidenciar la ciudadanía del país de origen. Este solo dato tendría que ser una variable a considerar en cualquier estimación. Otro elemento es la cantidad de población migrante que no vive en un lugar fijo, sino que obedece a flujos migratorios dentro de Estados Unidos por trabajar en las labores agrícolas. Este fenómeno es particularmente frecuente en las comunidades de origen indígena que trabajan en los cultivos de temporal en California y otros estados. Difícilmente un trabajador en estas condiciones podrá conservar su credencial de elector mexicana intacta y lista para votar, además de que no cuentan con una dirección postal para que les sean enviados los materiales electorales.

Quienes sí cuentan con una credencial de elector, en cambio, son quienes han migrado recientemente, quienes lo han hecho con una visa de trabajo o de estudiante, o quienes pueden salir y regresar a Estados Unidos por contar con la residencia o la doble ciudadanía. El perfil de este tipo de ciudadano, sobre todo en el caso de quienes cuentan con una visa, es diferente al de quienes vienen a este país de manera indocumentada. Habitualmente es gente con mayores posibilidades económicas y en ocasiones con mayor nivel educativo.

A todo lo anterior, hay que sumar que la candidata panista Vázquez Mota, como secretaria de Desarrollo Social durante el sexenio de Vicente Fox, tuvo a su cargo el programa 3×1 para la comunidad migrante. En esa época Vázquez Mota viajó en repetidas ocasiones a entrevistarse con las dirigencias mexicanas en las principales ciudades de Estados Unidos y es un figura bien conocida por estos grupos. Esto puede ayudar a entender por qué el voto en el exterior favorece en primer lugar a la derecha, en segundo lugar a la izquierda y por último al PRI.

La razón que hace que el resultado electoral en el exterior no sea un “espejo” de lo que se vive en el país es que el segmento de población en el exterior con posibilidad de votar tampoco es un reflejo de la diáspora mexicana en su totalidad.

2. En el primer argumento del artículo, el autor asegura que “plazas llenas no son urnas llenas” cuando se refiere a las manifestaciones de apoyo en favor de López Obrador que se registraron en ciudades fuera de México durante los días previos a la elección, incluídas varias de Estados Unidos. Melendez se dice sorprendido de que lo visto en estas plazas no se haya reflejado en el resultado electoral. Sin embargo este argumento parte de una falsa premisa al hablar de “plazas llenas”. En ninguna ciudad hubo más de 200 personas manifestándose en apoyo al candidato, e incluso en muchas de las ciudades que menciona en su artículo, la cifra fue de apenas diez o quince personas. En Los Ángeles, la ciudad con más mexicanos en el mundo después del D.F. -más que Guadalajara o Monterrey- las manifestaciones no pasaron de 100 ó 150 personas. Eso no llena ni una plaza de pueblo. Aún así, López Obrador ganó el segundo lugar en las preferencias electorales de los mexicanos en el exterior que sí votaron, por encima del candidato que ganó la presidencia. Creo que esto puede resultar sorprendente en un sentido positivo

3. Finalmente el autor concluye que a pesar de todo, el voto de los mexicanos en el exterior seguirá creciendo. Ignoro con base en qué hace esta proyección, pero ese dato es erróneo en tanto no se reforme la reglamentación y se permita la credencialización a través de consulados y sedes diplomáticas, y se permita el voto directo en dichas sedes, o bien, el voto vía electrónica. Lo primero, la credencialización, es el requisito mínimo para garantizar el ejercicio del derecho para esta comunidad. Otra alternativa sería el uso de la matrícula consular expedida por el gobierno mexicano como identificación oficial para quienes viven fuera de este país. Este mecanismo cuenta con tales medidas de seguridad, que es aceptado como documento oficial por instancias gubernamentales estadounidenses y por instituciones bancarias. Mientra no exista alguno de estos mecanismos, no hay manera de que el voto en el exterior continúe creciendo; por el contrario, la falta de representación electoral y la imposibilidad de tener acceso a los candidatos -la ley electoral prohíbe las campañas fueran del país-, sumadas al hecho de que las credenciales existentes no son eternas, tenderán a mermar la participación electoral de la diáspora.

Desde luego es difícil obtener conclusiones contundentes en un tema como éste debido a la fragilidad de los números, en la mayor parte de las ocasiones simples estimados. Tampoco pretendo con mi exposición establecer una verdad absoluta sobre el tema del voto en el exterior, y por el contrario, agradezco que el tema vaya ganando espacios de análisis en los medios mexicanos. Simplemente considero que la coyuntura postelectoral nos da una buena oportunidad para ver este fenómeno desde todas su aristas y comprender las razones de fondo por las cuales fueron menos de 40 mil mexicanos quienes enviaron su voto desde el exterior. El resto de ellos, esta comunidad que dejó atrás patria y familia para buscar un futuro mejor, sigue alimentando económicamente a su tierra y la sigue llevando en el corazón aunque no pueda elegir a su gobernante. Vale la pena recordar las razones que los hicieron salir de casa y hacer lo posible por regresarles en la garantía del ejercicio de su derecho un poco de lo mucho que le siguen dando a su país.

*Publicado en HuffPost Voces.

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