Siete puntos para comprender la lucha por el DREAM Act en Estados Unidos

El pasado 8 de octubre el gobernador de California, Jerry Brown, firmó la aprobación a nivel estatal de la ley conocida como DREAM Act, que permite que jóvenes estudiantes indocumentados en esta entidad, la mayor parte de ellos provenientes de México y otros países de América Latina, puedan recibir apoyo financiero para realizar sus estudios universitarios.

Si bien esta ley, que entrará en vigor en 2013, dará acceso a la educación superior a los cerca de 25 mil estudiantes indocumentados que se gradúan cada año de la preparatoria en California, la zozobra y la incertidumbre en la que viven estos chicos no desaparecerá en tanto no se apruebe esta ley a nivel federal, con lo cual obtendrían una residencia legal en Estados Unidos y al paso de las años la ciudadanía estadounidense.

Aunque la legalización de estos jóvenes estaría garantizada en caso de que se aprobara una Reforma Migratoria Integral en el Congreso –una posibilidad cada vez más remota, al menos en el corto plazo-, el caso de los dreamers es muy diferente al del resto de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. En estetexto se exponen siete puntos fundamentales para comprender la urgencia de que el gobierno de Barack Obama promueva la aprobación en el Congreso del DREAM Act en beneficio de estos jóvenes soñadores.

 

1. La iniciativa de ley DREAM (Development, Relief, and Education for Alien Minors) es una pieza legislativa que busca solucionar la situación de los jóvenes que fueron llevados a Estados Unidos de manera indocumentada siendo menores de edad. En 1982 la Suprema Corte de ese país reconoció que estos niños y jóvenes no pueden ser considerados responsables de su situación migratoria debido a que su ingreso ilegal se debió a una decisión tomada por alguien más. Tras este veredicto, se les dio acceso a la educación básica y media superior, pero la legislación actual no ofrece una opción para que estos jóvenes puedan acceder a la regularización de su situación migratoria, o al apoyo financiero para continuar estudiando después de la preparatoria.

2. Se estima que en Estados Unidos cada año se gradúan de la preparatoria 50 mil jóvenes indocumentados, y quienes están entre el kinder y la educación media superior suman un millón y medio. De ellos, la gran mayoría es de origen latinoamericano. De acuerdo con un reporte de Pew Hispanic Center, 56% de los inmigrantes indocumentados en ese país son originarios de México; 22% de otros países de América Latina, principalmente de Centroamérica; 13% de Asia, 6% de Europa y sólo 3% del resto del mundo. El rostro de los dreamers es predominantemente latino.

3. En Estados Unidos el costo promedio de la educación superior oscila entre los 5,000 y los 25,000 mil dólares anuales. Dado que un gran número de familias no puede costearla, el gobierno y diversas fundaciones otorgan becas-crédito a los estudiantes para que puedan acudir a la universidad; es de esta manera como una gran cantidad de jóvenes terminan una carrera. Sin embargo, para tener acceso a esos apoyos es preciso que los estudiantes comprueben su residencia legal o ciudadanía estadounidense, lo cual hace casi imposible el acceso a la educación superior para quienes carecen de documentos. En algunos casos, las familias se organizan para pagar la carrera de los jóvenes; como periodista supe de cinco chicos que se alternaban por semestres, y mientras unos estudiaban los otros trabajaban. Otros jóvenes buscan un empleo y toman pocas materias por semestre, para poder ir pagando; una joven me contó que en dos años y medio avanzó dos semestres, pero estaba decidida a terminar los ocho semestres de su carrera.

4. Lamentablemente, estos casos no son la mayoría. De acuerdo con cifras publicadas por el Pew Hispanic Center en 2008, sólo 49% de los estudiantes indocumentados que terminaron la preparatoria han ingresado a la universidad, en comparación con el 71% de los estudiantes que son ciudadanos estadounidenses. Esta cifra es un reflejo de las condiciones de desigualdad a las que se enfrentan los jóvenes indocumentados al carecer de incentivos para continuar estudiando.

5. Aún cuando los jóvenes logran graduarse, el título universitario no les garantiza la inserción en el mercado laboral debido a que no tienen documentos de residencia legal. Muchos deben aceptar empleos para los cuales están sobrecalificados, recibiendo salarios muy por debajo de los que perciben sus pares que gozan de la residencia legal.

Pero además del impacto directo para estos jóvenes, la economía se ve afectada por esta situación. Un estudio realizado por la Universidad de California (UCLA) indica que incorporar a los beneficiarios del DREAM Act a la economía formal estadounidense podría generar un ingreso gravable de hasta 3.5 billones de dólares en el curso de sus carreras profesionales, y de acuerdo con la Oficina de Presupuesto del Congreso, la aprobación del DREAM Act lograría cortar el déficit económico en 1,400 millones de dólares durante los próximos diez años.

6. Algunos argumentos en contra de la aprobación del DREAM Act apuntan a que con esta ley se da “amnistía” a los jóvenes, un término que los sectores conservadores estadounidenses rechazan. Esto no es correcto, ya que la ley no les otorga la ciudadanía inmediata –y el término “amnistía” no es aplicable en tanto que no se les atribuye la comisión de un delito, ya que no arribaron al país por decisión propia.

De acuerdo con la iniciativa, los beneficiarios serían los jóvenes que fueron llevados a Estados Unidos antes de los 15 años de edad, que han vivido por al menos cinco años en ese país y se han graduado de preparatoria. Para obtener una residencia permanente, tendrían que completar al menos dos años de educación superior, o bien, cumplir con dos años de servicio en las fuerzas armadas. Después de ello, podrían seguir el curso regular para obtener la ciudadanía.

Aunque la iniciativa se ha impulsado desde 2001, nunca se ha logrado su aprobación a pesar de contar con el apoyo de una gran cantidad de legisladores y del propio presidente Barack Obama. En 2008 estuvo cerca convertirse en ley, quedándose corta por ocho votos en el Senado.

7. Los jóvenes dreamers, aunque se saben extranjeros, no conocen otro país que el que los ha visto crecer. Por esta razón, el temor a ser arrestados y deportados se vuelve una losa que pesa sobre ellos. La posibilidad de regresar a un país que no recuerdan, cuyo idioma apenas hablan, cuya historia desconocen, hace que su lucha sea doblemente difícil, y por ello, digna de reconocerse.

Hace algunas semanas conversé con Brian, de 21 años, y esto es un poco de lo que me dijo:

“Soy un estudiante indocumentado en mi último año de universidad y he vivido en California desde que tengo dos años de edad. En cierto punto tuve que trabajar para ayudar a mi familia a pagar las cuentas y los gastos cotidianos. Hoy puedo ir a la escuela porque hay una persona que me ha dado el apoyo económico para hacerlo, sumado a pequeñas becas que he conseguido. No he visitado Veracruz, mi estado natal, desde hace 19 años que salí de ahí con mi familia. Es difícil para mí estar en esta posición porque, aunque quiero desarrollarme y contribuir a este país, no tengo las mismas oportunidades que las personas que me rodean. He adoptado completamente la identidad estadounidense, y aún así este país no me reconoce como ciudadano, a pesar de que mis padres pagan impuestos y nadie en mi familia ha cometido crímenes. Esta es mi historia, pero con ella estoy contando la historia de muchos otros miles; con ellos, espero la aprobación del DREAM Act”.

*Publicado en Animal Político.

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