La sociedad vs. el México de Kafka

Durante muchos años, en distintas circunstancias, he escuchado con cierta regularidad una frase curiosa sobre mi país: México bien podría haber sido el país de Kafka.

Creo que tanto para quienes nacimos ahí, como para quienes nos observan atónitos desde otros sitios, nunca como en los últimos años hablar de México había sido tan parecido a describir al Gregorio Samsa de La Metamorfosis: como si mi país un día hubiera amanecido, aparentemente de la nada, convertido en una criatura que provoca una mezcla de repugnancia y compasión. El asunto es que a diferencia del texto de Kafka, en México nada de esto pasó de la noche a la mañana.

Las razones que han sumido a México en esta situación, una guerra en la cual el llamado “daño colateral” extiende sus brazos indiscriminadamente y uno a uno nos va alcanzando a todos, se han ido a cocinando a fuego lento durante años. Los dos problemas principales, el tráfico ilegal de drogas por una parte, y el de armas por la otra, se han combinado con la corrupcion, las complicidades gubernamentales y la falta de oportunidades en una extraña alquimia ha terminado por poner a la sociedad civil en una situación límite. Y justo cuando uno empieza a preguntarse qué nos puede sacar de dicha situación, es la propia sociedad civil la que construye respuestas.

Una de estas respuestas llegó a mí hace unos días a través del académico y analista político Sergio Aguayo. En conjunto con las organizaciones Alianza Civica y Propuesta Cívica en México, y la Washington Office on Latin America y el Latin American Working Group en Estados Unidos, un grupo de ciudadanos mexicanos se ha puesto como objetivo recolectar firmas entre otros ciudadanos – los que cada día se preguntan cómo es que acabamos convertidos en un insecto repugnante- para enviar tres peticiones al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a fin de que se combata el contrabando de armas hacia México desde Estados Unidos.

“En esencia esta es una medida desesperada de la sociedad”, me dijo Aguayo hace un par de días durante una conversación telefónica. “Pensamos que es necesario reconocer que México está en guerra, o algunas partes de México, y que es el momento de establecer una relación de diferente tipo entre las sociedades de México, de Estados Unidos y de Centroamérica. El tema de las armas es una forma de crear conciencia y establecer una relación que nos permita trabajar juntos para frenar un problema gigante que afecta a toda la región”.

De acuerdo con el académico, quienes gobiernan México y Estados Unidos no pueden frenar el contrabando de armas. El presidente Calderón, asegura, ha hecho un diagnóstico certero sobre el rol de las armas estadounidenses en el aumento del narcotráfico: de las armas incautadas a estos grupos criminales, al menos 85% fueron vendidas en tiendas de armas de Estados Unidos. Obama, por su parte, ha reconocido que la legislación en su país no establece suficientes restricciones y por ello una sola persona pueda comprar fácilmente cientos de rifles de asalto en el lapso de unos cuantos días.

Como respuesta a esta situación, la campaña “Alto al Contrabando de Armas” busca presentar una carta al presidente Obama pidiéndole adoptar tres acciones concretas que no requieren la aprobación del Congreso de Estados Unidos:

1) Detener y prohibir la importación de armas de asalto a Estados Unidos, porque parte de ellas tiene como destino México a través del contrabando;

2) Ordenar a los vendedores que se reporte a la Oficina de Control de Bebidas Alcohólicas, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) la venta de varios fusiles de asalto a una misma persona durante un periodo de cinco días; y

3) Aumentar la capacidad regulatoria de la ATF en las regiones donde se abastece el contrabando de armas a México, en especial en los estados fronterizos.

“En México hay una tragedia humanitaria monumental y pareciera no haber conciencia”, me dijo Aguayo. “Hay 50.000 muertes en cinco años, el mismo número de bajas que tuvo Estados Unidos en Vietnam. El contrabando de armas no es una acción inocua, es una violación de las leyes estadounidenses para masacrar mexicanos”.

Mientras escuchaba al académico explicándome los motivos para impulsar esta la campaña, la forma en que se están recabando las firmas –a través de una petición en línea, pero también recolectando una por una con pluma y papel- la pregunta resultaba inevitable: si dos gobiernos unidos no pueden combatir un problema de esta magnitud, si los intereses económicos son tan grandes, si quienes están a cargo del lobby en el Congreso han adquirido tanto poder, ¿qué puede lograr la firma de unos cuantos miles de ciudadanos a pie?

“Yo no sé a dónde vayamos a llegar, pero me parece que es indispensable que se entienda que México y Centroamérica están padeciendo los efectos de una guerra”, dice Aguayo. “Pienso que es una forma de establecer una relación entre las sociedades de Estados Unidos, México y Centroamérica, no sólo para compartir experiencias, sino alternativas que nos permitan combatir la pasividad y crear conciencia sobre los orígenes del problema”.

La campaña “Alto al Contrabando de Armas” fue lanzada hace un mes y al momento ha recolectado cerca de 9 mil firmas a través del sitio de Internet http://www.alianzacivica.org.mx/altoalasarmas/. El objetivo es reunir la mayor cantidad posible, para hacer entrega del documento en Washington este mes de noviembre.

“Lo que estamos pidiendo es que se cumpla la ley para salvar vidas. Creo que cuando hay una propuesta clara, bien articulada, lógica y razonable como esta, hay que trabajar y esperar que vaya creciendo en la medida en que la gente se interesa por el tema”, me dice con convicción Aguayo cuando se da cuenta de que por momentos parece un poco naïve. “¿Hasta dónde va a llegar? No lo puedo decir, pero tampoco hay que preguntárnoslo; la cuestión es trabajar por lo que uno cree. En este momento la democracia en mi país está en peligro, todo por lo que ha luchado mi generación puede verse destruido. Este es un acto de legítima defensa”.

Sumándome a la legítima defensa de esta sociedad, la que conformamos todos aquellos que nos negamos a ser descritos como “daño colateral”, hoy yo también creo que de uno en uno, de cien en cien y reuniendo a miles, es posible romper con el mito kafkiano; que un día podremos despertar y el insecto repugnante habrá sido sólo un mal sueño.

*Publicado en la columna Si muero lejos de ti, de AOL Latino.

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