Los 500 que sí llegaron

Como un eco venido del pasado cercano, el movimiento poselectoral de hace cinco años, la consigna “¡presidente, presidente!” se empezó a escuchar en la escalinata del edificio del ayuntamiento de Los Ángeles pasaditas las once de la mañana. Los que no alcanzaron silla se acercaban al pasillo por el cual llegaba el orador. Otros llevaban carteles y los estiraban; los guardias de seguridad se tropezaban entre sí, y toda la atención estaba puesta en un solo punto: la enorme sonrisa del recién llegado, Andrés Manuel López Obrador.

El ex candidato presidencial y dirigente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) vino a Los Ángeles este domingo en un inesperado primer intento por acercarse a la comunidad migrante de esta ciudad. La iniciativa tomó por sorpresa a seguidores y organizaciones, muchas de las cuales se enteraron cuando la visita ya estaba pactada. Con la red de agrupaciones activistas de Los Ángeles enfrentado serias divisiones desde hace algunos años, resultaba difícil crear una convocatoria sólida en unos pocos días. Aun así, la incipiente representación de Morena en esta ciudad logró insertar 60 spots en radio, más de 10 en televisión, algunas otras en medios impresos y difundió cientos de volantes para atraer simpatizantes al evento. Los cálculos, según integrantes de Morena en la Ciudad de México, eran de unos 10 mil asistentes a la primera asamblea informativa en Estados Unidos.

Pasadas las once de la mañana, apenas 500 personas esperaban frente al ayuntamiento. Ahí estaban los ex braceros, los trabajadores agrícolas mexicanos que vinieron a Estados Unidos entre los años cuarenta y setenta, a los cuales el gobierno mexicano les retuvo durante décadas un porcentaje del salario ganado. Ahí estaban también algunas personas con la mirada llena de nostalgia, seguidores del PRD desde finales de los ochenta, cuando Cuauhtémoc Cárdenas fue el primer candidato mexicano en pagar una visita a los migrantes en Estados Unidos. Junto a ellos se acomodaban como podían los representantes de Morena venidos de la frontera: desde Tijuana y Mexicali el movimiento convocó a sus bases “para apoyar a López Obrador acá también. Pero no somos acarreados”, aseguraba una mujer que viajó con toda su familia. “A los acarreadosles dan cosas para que vengan; nosotros venimos por convicción”.

El discurso de López Obrador —exactamente el mismo que leyó el sábado 5 de junio en su asamblea del Zócalo capitalino, más un añadido sobre el tema migrante— dio inicio, y la radiografía de su audiencia se fue construyendo con base en las reacciones a los temas abordados: el cese a la venta del petróleo crudo al extranjero, la suspensión de las pensiones vitalicias a ex presidentes y la alusión a los estados expulsores de migrantes —Zacatecas, Michoacán, Oaxaca— despertaron aplausos efusivos; la mención de Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón y el posible regreso del PRI a Los Pinos, abucheos y mentadas de madre.

López Obrador hizo el recuento habitual de las afrentas realizadas a la nación por parte de la clase política; y el público reaccionó. Un hombre gritó “¡viva Pancho Villa!”; otro recordó, por supuesto, a Cárdenas; uno más habló del movimiento estudiantil del 68. La mayoría tiene fresco en la memoria lo que aseguran fue un fraude en 2006. El recuerdo del fraude cala a pesar de los cinco años que han pasado, tiempo durante el cual López Obrador no se acercó a la comunidad migrante ni una sola vez.

Pocos de los asistentes saben cuál es el significado de Morena. Para ellos, los 500 que sí llegaron, López Obrador sigue representando al PRD; cuando se les preguntó sobre la situación actual de este partido, poco o nada sabían. Desconocen cuáles son las propuestas que tiene el líder con respecto a los migrantes, pero están seguros que, de llegar a la Presidencia, exigirá enérgicamente al presidente de Estados Unidos que concrete una reforma migratoria. López Obrador se les adelantó y, desde ya, lanzó el reclamo a Barack Obama.

Una semana atrás, en su asamblea informativa del Zócalo —casi lleno—, la gente recibió cálidamente a López Obrador, pero el grito “¡presidente, presidente!” no se escuchó en esa ocasión. En México, la gente sabe que ese momento ya pasó; ahora hay que escuchar propuestas, revisar alianzas y, por qué no, también otras candidaturas. Sin embargo los 500 que sí llegaron a la asamblea de Los Ángeles no se encuentran ahí aún: gritaron “¡presidente, presidente!”, y así dieron cauce a una frustración de cinco años; los mismos que se retrasó la visita de López Obrador.

*Publicado en Milenio

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