¡Libros cruzando la frontera!

Este viernes 29 y sábado 30 de abril, y domingo 1 de mayo Los Ángeles está de fiesta. Directito desde Guadalajara,  y con el esfuerzo de la UdeG, el gobierno del estado de Jalisco y las autoridades de la Feria Internacional del Libro (FIL), se celebrará la primera edición de la Feria del Libro en Español de Los Ángeles (LéaLA).

Esta no es una ocasión menor, y procedo a contar por qué. Resulta que como en otras ocasiones he mencionado, Los Ángeles es la ciudad con el mayor número de mexicanos en el mundo después de la ciudad de México. Por esta razón, y por la cercanía geográfica con la frontera –estamos a dos horas deTijuana-, es posible encontrar en este sitio prácticamente cualquier cosa que venga de México. Con tantos años de migración, las comunidades oriundas de los diferentes estados se han organizado de tal manera, que han logrado establecer puentes para importar desde las materias primas para realizar elaborados platillos de su gastronomía local, hasta productos y servicios que en ocasiones ya no es fácil encontrar ni siquiera en las grandes ciudades mexicanas.

Así, quien vive en Los Ángeles puede levantarse un domingo cualquiera para desayunar enchiladas de mole con tasajo acompañadas por chapulines; puede ir después a cualquier supermercado para comprar los chiles, las salsas, los quesos, los nopalitos, los huauzontles para preparar la comida, e incluso llevarse de una vez el Vel Rosita y el Ajax, unos estropajos para lavar los platos, mecate para tender la ropa, veladoras con la Virgen de Guadalupe, jergas, jabón del Tío Nacho, la revista TV Notas y gansitos y pulparindos para los niños.

Todo, absolutamente todo se puede encontrar en Los Ángeles, excepto una cosa: buenos libros en español. Por alguna razón, probablemente relacionada con lo poco lucrativo que el negocio de los libros se ha vuelto en los últimos años, en Los Ángeles no podemos comprar libros en español. Hay algunas librerías pequeñas, una de las cuales, la más grande, ha estado al borde de la quiebra dos veces en los últimos cuatro años, pero salvo eso, nada más. Las cadenas como Barnes & Noble, con pisos enteros dedicados a los libros más sofisticados y especializados, sólo cuentan con UN estante de libros en español, y en su mayoría son los clásicos contemporáneos: algo de García Márquez, algo de Vargas Llosa, un par de ejemplares de lo más nuevo de Carlos Fuentes y tal vez algo de Poniatowska o de Isabel Allende. Párale de contar. En general, quienes venden libros en español optan por los títulos conocidos de los autores también conocidos, supongo que como una forma segura de garantizar la recuperación de la inversión.

De esa manera, quienes queremos leer lo más reciente de Alfaguara, o el nuevo libro sobre narcotráfico de Anabel Hernández, o Fuego Cruzado de Marcela Turati, debemos apelar a la buena voluntad de un viajero desde/hacia México, o bien viajar las dos horas que nos separan de Tijuana y arrasar con la sucursal de Gandhi, o ya de perdida con el Sanborn’s. Desde luego, ese es un lujo del cual están privados quienes no pueden salir del país.

En materia de libros para niños, el asunto es peor. Es bien sabido que los idiomas se aprenden no sólo al hablarlos, sino al leerlos también. Los papás mexicanos que quieren que sus hijos hablen español, se encuentran con la dificultad de la ausencia de libros en ese idioma para sus hijos. Algunos se consiguen en las pocas librerías mencionadas; habitualmente son caros y no hay mucha variedad. A eso hay que añadirle la abrumadora oferta de materiales en inglés con los personajes de moda, y entonces estos papás tienen perdida la batalla.

Por todo esto, la llegada de LéaLA es un gran, gran evento para quienes vivimos acá. No sólo se nos abre una puerta para comprar, buscar, tocar, descubrir, recomendar, explorar y disfrutar hermosos libros en español, sino para conversar con sus autores, escucharlos, intercambiar opiniones, asistir a conferencias y hasta, por qué no, escuchar a Molotov en concierto. Pero no sólo eso: es posible que este evento abra una puerta para que inversionistas mexicanos, la industria editorial de México, voltee a ver a esta comunidad hambrienta de saber, de conocer, de leer, y nos brinde la oportunidad de tener los libros al alcance la mano; tanto, como unas buenas enchiladas de molito con tasajo en un domingo cualquiera.

*Publicado en Migrantes, de El Universal.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s