Microcréditos a quienes no tienen acceso al dinero

La apariencia de Angelina Orozco es serena y apacible. Tiene 52 años y los últimos ocho ha vivido en Los Ángeles, en donde se dedica al comercio. De origen zapoteco, Angelina vende a domicilio cobijas y colchas, y así va saliendo para el gasto; pero desde hace algunos meses, su sueño era manejar un camión. Y el sueño se le hizo realidad.

Desde el pasado diciembre decenas de personas han recibido un microcrédito a través del recién creado Fondo FIOB, un programa del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB) que opera con el apoyo de la organización mexicana Ayúdate, y que por siete años ha dado estos apoyos a organizaciones que requieren un “empujoncito” para continuar con su operación.

angelina

“En la etapa piloto dimos 80 micropréstamos de 500 dólares, un total de 40 mil dólares”, explica Gaspar Rivera-Salgado, coordinador general de FIOB. Para poder recibir un préstamo, el interesado tiene que reunir a un grupo de personas que también deseen uno, entre cinco y 15 conocidos que puedan respaldarse entre ellos mismos, y que entreguen tres referencias como aval. Cada uno de los beneficiados responde por los demás.

“Son préstamos con un sentido social; se dan con el aval comunitario, como si las cinco personas se estuvieran prestando entre ellas porque todo el grupo respalda el dinero de todos”, explica Rivera-Salgado. Los beneficiarios hacen tres pagos mensuales [de aproximadamente 170 dólares] para liquidar el monto total; pueden recomendar a otras personas y pueden recibir un segundo préstamo.

Uno de estos préstamos fue el de Angelina. Después de reunir dinero durante algún tiempo, le faltaba un “piquito” para comprar un camión de los que se usan para vender frutas, verduras y abarrotes.

“Una sobrina me dijo que estaban prestando dinero; nos juntamos ocho personas con los de nuestra familia; nos prestaron 500 dólares a cada uno y unos somos responsables por los otros”, cuenta Angelina, quien está segura de que si hubiera ido a un banco a pedir la misma cantidad, le hubieran pedido una serie de documentos, muchos de los cuales ella no tiene.

De acuerdo con Rivera-Salgado, el objetivo fundamental de este programa es dar acceso al crédito a gente que no tiene opciones para “bancarizarse”, es decir, a quienes por la falta de ciertos requisitos no les sería otorgada una línea de crédito en la banca tradicional.

Este esquema es el que utiliza desde su origen Ayúdate, la organización chiapaneca que financia el proyecto. A partir de la creación del Fondo Selva para financiar a productores de café, que derivó en un esquema de comercialización y de estímulo a proyectos productivos –el proyecto incluye el establecimiento de varias sucursales del Café La Selva, de gran éxito en algunas ciudades mexicanas-, este grupo recibió el Premio Nacional de Sustentabilidad en México y varios reconocimientos más.

“Con esos premios hicimos un capital y ahí surgió la idea de prestar dinero a otras organizaciones rurales en México”, comenta Ernesto Guerrero, gerente administrativo de Ayúdate. “En estos años hemos tenido tasas de recuperación muy altas, de entre 96 y 98%; ha sido una buena experiencia. Los bancos no confían en los productores, y menos en estos tiempos. Nuestra idea fue apoyar a quienes iban empezando y que no tenían un historial de crédito, ninguna referencia”.

Entre las organizaciones que Ayúdate contactó, se encontraba FIOB. “Ellos tienen operaciones en Oaxaca, es una organización binacional y oímos hablar de ellos”, recuerda David Velasco, coordinador de operaciones de Ayúdate, sobre la decisión de apoyar a una organización fuera de su país.

“El FIOB es importante porque trabaja con el perfil de población que buscamos, comunidades vulnerables, en este caso en Oaxaca. Muchos de sus socios en Estados Unidos tienen familias en México y son un sector de alta vulnerabilidad”.Los préstamos de FIOB, al igual que los que otorga Ayúdate, se hacen por un periodo de tres meses a una tasa del 4% mensual. Entre la comunidad oaxaqueña, donde es común acudir a prestamistas o “cofradías” para solicitar dinero, los intereses llegan a ser hasta del 15% mensual.

Del 4% que el beneficiario paga de interés, el 3% es para Ayúdate y el 1% para FIOB. Con esa cantidad, la organización pretende cubrir los gastos de administración y crear un fondo para construir un esquema autosuficiente en materia de recursos a fin depender menos de las becas y los apoyos de fundaciones.

Pero además de cobrarles interés, en FIOB le piden a cada beneficiario que acuda al menos a uno de los talleres de “descolonización” que imparte la organización, en los cuales les hablan de temas como la prevención de la violencia doméstica, la equidad de género o la identidad cultural. “Si la iglesia te da un plato de sopa y te hace oír misa, pues nosotros hacemos lo mismo”, dice entre risas Rivera-Salgado.

Durante el 2010, Fondo FIOB entregará medio millón de dólares en microcréditos: mil personas que, como Angelina, sólo esperan un empujoncito. Ella por lo pronto, ya hizo su primer pago y espera hacer los otros dos para pedir otro préstamo, “porque ahora tengo que comprar las cosas para llenar el camión”. ¿Y para el futuro, digamos dentro de cinco años? “No, para entonces ya tengo por lo menos unos tres camiones… ¡y si Dios quiere, más!”.

*Publicado en La Opinión. Foto: Ciro César/La Opinión.

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