Limpiador de estrellas

Seguramente usted ha pasado por ahí: el piso con cuadros de granito negro enmarca las largas filas de estrellas rosadas a lo largo del Paseo de la Fama, en Hollywood Boulevard. En medio de cada una de ellas, un círculo de metal dorado brilla y reluce. Y a cargo de dejarlo reluciente, está John Peterson.

Desde hace diez años, John es la persona encargada de dar brillo a las estrellas de este sitio, tal vez uno de los lugares más famosos del mundo. Las 2,400 estrellas colocadas a lo largo de 2.4 millas, con los nombres de celebridades del mundo de la música, el teatro, la radio, el cine y la televisión, son frotadas con líquidos y limpiadores, una y otra vez, por las manos de John.

Cada mañana, a las nueve en punto, John llega al lugar. Discapacitado desde que era niño, coloca una muleta bajo cada uno de sus brazos, arrastra su única pierna y, portando el uniforme de la compañía para la que trabaja, se coloca unas rodilleras de plástico rígido, para no lastimarse. Entonces empieza el recorrido.

Recargado sobre las rodillas todo el tiempo, John saca sus trapos, sus limpiadores, e inicia su trabajo. Primero pone un líquido sobre la estrella para quitarle las manchas, la suciedad, los objetos pegados en ella. Después, parsimoniosamente, frota con una cera limpiadora el círculo de metal hasta que le saca un brillo cegador. Entonces sonríe satisfecho, toma sus muletas y la bolsa de plástico con la que carga siempre, y se mueve lentamente a la estrella que sigue.“Empecé en 1999, llevo diez años haciendo esto”, dice John sonriendo, sin dejar de trabajar. “Yo estaba empleado en un taller de reparación de televisores, pero entonces aparecieron esos aparatos digitales que vinieron a sustituir a los análogos; esos televisores, si se descomponen, nadie los lleva a reparar; así que el negocio cerró”. La situación para John se volvió entonces incierta y en poco tiempo tuvo que empezar a vivir en la calle. Buscando una manera de subsistir, empezó a limpiar estrellas.

“Hace 10 años el distrito estaba creciendo y John limpiaba las estrellas por propinas, un dólar, dos dólares”, recuerda Kerry Morrison, directora de Hollywood Entertainment District, la organización de casi 200 propietarios de negocios en Hollywood Boulevard que invierte cerca de tres millones de dólares al año para mantener el área limpia y segura.

“John no tenía donde vivir, dormía en las calles. Un día lo vi, lo invité a comer y le pregunté si quería seguir haciendo ese trabajo pero ahora por un sueldo y usando un uniforme. John dijo que sí y ahora tiene casa, dinero, beneficios de salud y vacaciones. Y en diez años nunca ha faltado un solo día al trabajo”, agrega Morrison.

La gente sabe que a John le gusta lo que hace. Lo conocen, platican con él; un transeúnte pasa y le regala un sándwich; otro más allá, lo saluda familiarmente. John platica con ellos mientras sigue limpiando: un promedio de 80 a 90 estrellas al día, aunque a veces llega a las 120. Las 2,400 estrellas de todo el corredor, las limpia en tres semanas. Entonces empieza otra vez.

“Yo limpio estas cosas para que los turistas vengan, puedan leer y tomarse fotos con sus nombres favoritos”, explica John. “Ellos se toman el tiempo de planear un viaje, reservar un avión, un hotel, investigar dónde están los nombres que les interesan. A mí me gusta que los vean limpios”.

Por supuesto, su tema favorito son las estrellas. “Las que se ven cuando el sol se mete, esas son mis estrellas favoritas. Saber que en el universo hay millones, y millones, y millones de estrellas, tantas que sólo el que las creó puede saber cuántas hay; eso me parece fascinante”, dice pasando de la estrella con el nombre de Edward Dmytryk a la de Mercedes McCambridge. No muy conocidos, tal vez.

“La siguiente cuadra, ahí es donde empiezan los nombres de muchas celebridades muy populares”, explica. De las estrellas terrenales, las que sí se pueden contar, ahí es donde se encuentra su favorita: la de Guy Lombardo, el locutor de radio que durante los años sesenta hacía la cuenta regresiva en Times Square un minuto antes de que terminara el año.

El 8 de febrero de 2010 se cumplirán cincuenta años del inicio de la construcción del Paseo de la Fama. Después de todos los nombres que han llegado hasta este lugar, ¿a quién le daría él una estrella? “A David Letterman”, responde sin dudar. “Es un gran personaje, pero no ha recibido una aún”.

¿Y a quién se la quitaría? “A Arnold Schwarzenegger”, responde muy serio. Luego suelta una risa y explica por qué; pero eso, dice, es algo que sólo lo pueden saber quienes hablan directamente con él. Así que si usted siente curiosidad, busque a John: en Hollywood Boulevard, donde esté la estrella más brillante, seguro que lo encuentra.

*Publicado en La Opinión.

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