Los Ángeles y la cultura que llegó para quedarse

El fin de semana pasado amanecimos con antojo de chilaquiles. Nos dirigimos raudos y veloces a Liliana’s, donde los preparan crujientitos, con crema y queso como Dios manda. Por el camino pasamos por esa plaza donde se reúnen los mariachis a ofrecer sus servicios y dejamos el carro a unas cuadras del salón donde hace unos meses se celebró el certamen Señorita Jalisco. ¿Adivina usted en qué ciudad estoy? Desde hace cinco años vivo en Los Ángeles, tiempo suficiente para conocer un poco sobre esta comunidad, pero no como para dejar de asombrarme de lo que voy encontrando.

Los Ángeles es uno de los puntos más interesantes del continente desde el punto de vista demográfico. A pesar de que la mayor parte de su población es hispana —48% de acuerdo con las cifras del censo—, la diversidad cultural de esta ciudad no está sólo en las manos de los latinos. Coreanos, chinos, japoneses, tailandeses, armenios, etíopes, italianos, judíos, por mencionar sólo algunas de las comunidades más importantes, han dejado su huella en las calles, los edificios, la gastronomía, la música y el ritmo de esta urbe.

Por esta razón, cuando me enteré de que Los Ángeles sería la ciudad invitada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en su vigésimo tercera edición, realmente no me sorprendí. El mosaico cultural que ha resultado de todas estas influencias, sin duda merece que se le ponga atención. Me imaginé que la representación que viajaría a Guadalajara desde acá sería entonces tan variada y diversa como nuestras propias calles.

Pabellón de Los Ángeles en la FIL 2009. Foto: cortesía FIL

El día que se publicó el programa de la FIL, corrí a buscar la agenda con la presencia de Los Ángeles en el evento. Y para mi sorpresa, encontré muy poco de lo que imaginé. Los cientos de eventos que tendrán lugar haciendo alusión a la ciudad homenajeada —una muestra de cine, varias presentaciones literarias, obras de teatro, exhibiciones, conciertos— cuentan con una mayoría de representantes de la cultura anglosajona o de la cultura chicana: estadunidenses descendientes de mexicanos pero cuyo arraigo se encuentra en el país del norte, que hacen una reivindicación de su origen a través del arte y en ocasiones de la participación política y el activismo social. Sin embargo, poco en el programa, si no es que nada, hace alusión a la comunidad migrante angelina.

Indagando sobre la razón para esto, los portavoces de las instancias a cargo me dieron algunos argumentos válidos: los fondos con los que viajarán los grupos que representan a la ciudad provienen del National Endowment for the Arts, una organización no lucrativa que requiere que los receptores cumplan con ciertos requisitos burocráticos para preservar la transparencia en el otorgamiento de los recursos. Algunos de los grupos culturales encabezados por migrantes no cubrían estos requisitos, o simplemente optaron por no entrar en el proceso. Y, con toda franqueza, también hay algunos grupos en los cuales no todos los integrantes están en posibilidad para viajar fuera del país, debido a su situación migratoria.

No pretendo en este texto cuestionar los criterios por los cuales se eligió a quienes irían a la FIL con la representación cultural angelina; simplemente me ha parecido pertinente puntualizar que, si bien en Los Ángeles predomina lo latino, no todo es cultura chicana. Acá tenemos una pujante comunidad migrantes que hace que la máquina funcione.

Uno de los casos más sobresalientes es el de la comunidad oaxaqueña. Grupos como la Organización Regional de Oaxaca se han dedicado durante más de 20 años a organizar la celebración de la Guelaguezta en el corazón de Los Ángeles. En este mismo grupo se encuentran también las bandas de viento. La Banda Juvenil de Solaga, por ejemplo, ha logrado reunir a decenas de niños y jóvenes que con férrea disciplina asisten a los ensayos semana tras semana, manteniéndose alejados de las pandillas, el problema social número uno de esta ciudad.

Todas estas manifestaciones culturales son Los Ángeles también. Esta ciudad, erigida en los hombros de aquellos que llegan para mejorar su vida, pero que traen consigo un bagaje cultural para compartir con su nueva comunidad, también merecen ser recordados, aplaudidos y admirados.

*Publicado en Milenio Diario.

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