El Mexicano Que Le Dio La Vuelta Al Mundo En Noventa Minutos

Este viernes viví una sensación que no todos los días se puede percibir. El transbordador espacial Discovery regresó a la tierra procedente de una misión y, al momento de su ingreso en la atmósfera, produjo el fenómeno conocido como “sonic boom”: un estruendo provocado por una enorme cantidad de energía auditiva que no sólo se escucha, sino que se siente en el pecho, supongo que porque es donde nuestra caja de resonancia lo permite. Como el Discovery aterrizó en el sur de California, quienes vivimos en esta región lo sentimos clarito.

Tanta fuerza, tanta energía, obligan a pensar: ¿qué habrán sentido los astronautas que venían dentro de la nave? En las últimas semanas los medios de comunicación en México, y los medios en español en Estados Unidos, le dieron gran vuelo a la historia de la tripulación que viajaría en el Discovery debido a que dos de ellos son de origen mexicano. Particularmente se centraron en José Hernández, quien siendo hijo de inmigrantes trabajó en los campos estadounidenses con sus padres. Hernández se convirtió en una figura de horario triple A y la mayoría de los comentadores se refería a él como “el mexicano”.

Pero si bien el logro de Hernández es loable –como lo es el hecho de que haya preservado su español, y que haya exigido que en la documentación oficial de la misión su apellido apareciera con acento, como debe de ser-, durante todas estas semanas yo sentí que hizo falta recordar con el honor que se merece al primer mexicano que, hace casi veinticinco años, salió del planeta en una misión espacial: el doctor Rodolfo Neri Vela.

nerivela

Neri Vela nació en Chilpancingo, Guerrero, y estudió en nuestra gloriosa UNAM. Finalizó sus estudios en México y luego en el extranjero, y trabajaba en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes cuando el gobierno en turno tuvo a bien establecer un convenio con la NASA que terminó en que uno de los nuestros iría a bordo del Transbordador Espacial Atlantis en noviembre de 1985. Ese fue Rodolfo: el primer astronauta mexicano que fue al espacio, y el segundo latinoamericano.

Neri ha escrito varios libros sobre eclipses, estaciones espaciales, satélites y demás, incluidos dos libros para niños. De entre ellos, yo tuve la suerte de toparme con uno, quizá el más personal: Vuelta al mundo en noventa minutos, escrito cuando regresó de la misión espacial. En este libro, con el lenguaje más sencillo y un tono tan carente de arrogancia que parece difícil de creer, Neri habla de su vida personal, de sus inicios en la ciencia, de cómo supo que sería él el encargado de ir a la misión y del entrenamiento que tuvo que recibir. Con mucho detalle narra los detalles que todos nos preguntamos siempre: ¿cómo le hacen para ir al baño? ¿qué comen? ¿cómo duermen? Si un astronauta tiene un sueño erótico en el espacio, ¿tiene una erección? ¿Qué siente un astronauta cuando nosotros escuchamos el “sonic boom”? Cada detalle, narrado con infinita sencillez, presenta a un Neri Vela absolutamente humano, completamente cercano.

Recuerdo incluso un pasaje crudísimo del libro: antes de irse, Neri habló con su novia sobre un posible matrimonio cuando él volviera de la misión espacial. Eso fue en agosto, cuando se iba a su entrenamiento de tres meses. El 19 de septiembre, con el terremoto de 1985, el edificio de Tlatelolco donde vivía la chica fue uno de los que se derrumbó, y ella murió. Recuerdo haber sentido con él la impotencia de no estar en el funeral, porque eso hubiera implicado romper la cuarentena y no viajar al espacio. Recuerdo también la admiración que sentí cuando el tipo narra la manera en que decidió continuar con la misión. Pero sobre todo, recuerdo la humildad y el auténtico asombro con los que el astronauta relata lo que sintió cuando vio nuestro planeta a través de la ventana, cuando nos vio desde allá.

Un poco después de que el libro se publicó, supe que Neri Vela estaría firmando libros en una librería. Por supuesto, llevé el mío. El tipo, con una sinceridad apabullante, me agradeció el hecho de que hubiera comprado y leído su libro. Su dedicatoria fue muy cálida y yo me fui tan contenta; porque oiga usted, uno podrá tener la edad que sea, pero hablar con un astronauta no es cualquier cosa.

Supe que Neri Vela sigue dando clases en la UNAM hasta la fecha. A mí me sorprende que con tanta bola que se le ha dado a José Hernández (merecida, sin duda), los medios no hayan buscado más a nuestro primer astronauta. Me gustaría mucho verlo ahora, escucharlo comparar impresiones, saber qué piensa casi 25 años después; me hubiera gustado escucharlo narrar el momento del despegue de la nave de Hernández o su llegada, y recordar todo lo que se ve y se siente cuando, con alma mexicana, se le da la vuelta al mundo en noventa minutos.

 

*Publicado en Mundo Abierto.

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6 thoughts

  1. Excelente artículo, hay que recordar a grandes científicos mexicanos como el Dr. Neri Vela. Ahora que se habla mucho de la nueva agencia espacial mexicana me gustaría que la gente se diera cuenta que aquí también se produce ciencia.

  2. No quisiera parecer impresionista, pero tengo que decir que esta breve cronica es preciosa. Pocas veces he visto con una economia de palabras, decir cosas tan sentidas y tan reveladoras. Es un homenaje justo y muy convincente. Yo soy cubano, y tambien me siento muy orgulloso de este humilde mexicano que Eileen nos describe con una profundidad tan sencilla que estremece. Hay una imagen que se me ha quedado grabada: ver la Tierra desde la ventana de una nave espacial debe ser una experiencia reveladora de lo que es y significa el casi invisble ser humano ante el universo, y pensar entonces de como los mismos seres que estan alla (aqui), en nuestro planeta azul son representaciones individuales de lo infinito, de como el mundo tiene que hacerse mejor para que algun dia esta experiencia cosmica sea sentida por toda la humanidad. Esa ventana de la nave fue de pronto un resquicio abierto a los umbrales de
    Dios. Gracias, Eileen

  3. Mil gracias por tu comentario, Marco. El doctor Neri sigue activo en la UNAM, formando nuevas generaciones. Esa es la mejor manera de dejar huella en el mundo.

    Querido Manuel, agradezco como siempre la generosidad de tus hermosas palabras. Gracias por la visita y por leer aquí también :D

  4. hola como stas Rodolfo? tengo 8 años y voy en 3ro de primaria y quiero decirte que quiero ser de grande astronauta como tu,te admiro mucho porque fuiste un mexicano que logro ser astronauta y fuiste el primero,quiero saber como ser astronauta,ojala si ves esto me puedas contestarme y enseñarme como puedo hacerlo….te cuento que tu le firmaste un autografo a mi papa en 1994 ..gracias por tu atencion!!

  5. Me gustó mucho su artículo, lo encontré hoy pues estoy buscando información sobre esta novela Vuelta al mundo en noventa minutos, en versión de audiolibro. Yo tuve el gusto de conocer al Dr. Neri en una conferencia que dio en Acapulco, en el mes de Octubre, compré el libro y me lo autografió. Es verdad que el señor Neri es increíblemente sencillo y paciente. En esta conferencia, que se llamó Si lo puedes soñar lo puedes lograr, la mayoría de los asistentes eran jóvenes de preparatoria y de universidades y tecnológicos; empezó a las 2 pm y terminó casi a las 4, la mayor parte trató de su experiencia en el viaje que hizo al espacio y del futuro que se prevé para las primeras colonias fuera de la Tierra. Lo que me disgustó es que muchos se durmieron o se salieron antes, hacían ruido o se escuchaban timbres de celulares. Todavía, al salir y que estaba firmando autógrafos, tuvo la atención de agradecer a cada uno de los que le compramos libros y de haber estado en su conferencia. Algo que recuerdo de ella es que dijo que seguía siendo el único mexicano y el único GUERRERENSE, en haber viajado al espacio. Yo me siento particularmente orgullosa pues también soy de Guerrero, de Acapulco.

    Muchas gracias por su artículo, y ojalá pueda alguien informarme si hay en versión de audiolibro éste o algún otro del Dr. Neri.

  6. Bien recuerdo al “Inge”, como yo solía llamarlo cuando era mi asesor de tesis en la Facultad de Ingeniería. Me tocó la época en que fue seleccionado para la gran aventura. Un día, después de muchos meses de investigación de mi Tesis, me dijo que lamentablemente no podría seguir como mi asesor, pues había pedido una licencia para ausentarse de la UNAM debido a su selección como miembro Especialista de una misión de la NASA. Yo, inconforme, le respondí que de ninguna manera, que iría personalmente a Houston a que siguiera revisando mi trabajo. Y alla fui hasta tres veces, laúltima, cuando me informó que ya había firmado el acta con mi calificación aprobatoria.

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