Políticos devotos del Twitter

“¿Qué estás haciendo?”. Esta es la pregunta que con menos de 140 caracteres deben responder los usuarios de Twitter, la página de red social que primero adquirió gran popularidad entre los jóvenes pero ahora es usada por periodistas, empresarios y hasta por políticos.

 

A partir del éxito del uso de las páginas de red social en la internet por parte de la campaña presidencial de Barack Obama, cada vez son más los políticos que voltean a ver a estas herramientas como un mecanismo para mantener su popularidad y presentarse ante sus seguidores como personajes más humanos, accesibles o menos formales.

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Así, los usuarios de Twitter pueden enterarse de que el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, apoya a la juez Sotomayor, tiene un blog o fue a un partido de los Dodgers. Los seguidores del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, reciben un video en el que aparece jugando con un enorme cuchillo para hablar de los recortes al presupuesto recién aprobado. Y quienes siguen al presidente Barack Obama reciben links con las fotos del día, como la del mandatario cargando a un bebé.

“Como toda nueva tecnología, Twitter tiene sus aspectos positivos y negativos, y es evidente que los políticos están usando los positivos porque es una nueva manera de alcanzar al público sin el filtro de los medios de comunicación”, considera José Luis Benavides, jefe del Departamento de Periodismo de la Universidad del Estado de California en Northridge.

“Con esta herramienta pueden llegar directamente a quienes están interesados en esos políticos en particular, porque para recibir las actualizaciones del político en cuestión se tienen que hacer sus seguidores”, agrega el profesor. “Pero la parte negativa es que es poco probable que esta gente de gran autoridad sea quien realmente está escribiendo sus propios “tweets; la mayoría tiene a alguien más escribiendo por el firmante y lo usan simplemente como un arma publicitaria”.

Este aspecto resultó un tema de debate entre algunos seguidores de Twitter del alcalde Antonio Villaraigosa, debido a que mientras éste se encontraba de viaje por África, sus tweets seguían apareciendo, presuntamente enviados por uno de sus asistentes, Matt Szabo —quien, por cierto, también tiene su propia cuenta de Twitter—. Observadores políticos hicieron esta anotación, pero la oficina del alcalde insistió en que era el propio alcalde quien enviaba las actualizaciones.

Recientemente los desarrolladores de la página incorporaron una nueva herramienta de verificación de cuentas. Una vez que un personaje, sea un artista, un político o alguna otra figura de gran popularidad abre una cuenta, Twitter se encarga de verificar su autenticidad; cuando en efecto es el personaje el que opera dicha cuenta, se pone una leyenda en su página para que sus seguidores lo sepan.

Decenas de políticos ya ostentan su verificación en Twitter, y los seguidores les siguen llegando. Villaraigosa, por ejemplo, cuenta con casi siete mil seguidores, mientras él sigue a un poco más de tres mil “tuiteros”. La gobernadora de Alaska, Sarah Palin, ha superado los 100,000 seguidores, aunque ella sigue sólo a 40. Algunos otros no logran ser tan exitosos, como el concejal José Huízar —cuya cuenta aún no está verificada—, con sólo 243 seguidores. Pero otros, como el procurador general de California, Jerry Brown, rebasan el medio millón de seguidores.

Uno de los políticos más populares en este sentido es Schwarzenegger, con más de 700,000 seguidores. El gobernador, cuya cuenta está verificada, se ha caracterizado por enviar ” ligeros, informales, con links a fotos y videos de él mismo, pero sin dejar de lado su mensaje político. Incluso “tuiteó en vivo” un desperfecto ocurrido a su avión hace algunas semanas, recibiendo a cambio cientos de mensajes de solidaridad.

Pero si de seguidores se trata, Barack Obama sigue siendo el rey de las redes sociales, con 1,800,000 seguidores que reciben las actualizaciones del Presidente, lo mismo sus discursos sobre la reforma de salud que la última foto tomada a él y a su esposa durante una cena íntima.

El vicepresidente Joe Biden está muy lejos de ese nivel de popularidad, con sólo 27,000 seguidores; lo cual es curioso, porque ambas cuentas se actualizan casi al mismo tiempo y en gran parte de los casos con la misma información.

Quienes tienen experiencia en las redes sociales reconocen que esta herramienta ha servido a los políticos para dar a conocer sus ideas, pero saben que al entrar en este sistema, ellos mismos ignoran su fin último, que es crear una interacción con el otro no sólo de manera vertical, sino “de ida y vuelta”.

“Los políticos no siguen a nadie, no leen los ” de los demás, porque ellos se asumen como líderes”, comenta Benavides. “Si siguen a alguien será a su partido o a algún otro político amigo, pero no creo que entren a estas cadenas sociales con la intención que entran los otros usuarios, que es verdaderamente establecer redes de comunicación legítimas con los demás”.

*Publicado en La Opinión.

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