Justicia muda

El 16 de noviembre pasado Cirila Baltazar Cruz, de 34 años de edad, llegó a un hospital en Biloxi, Mississippi, a punto de dar a luz. Dos días después, antes de darla de alta, trabajadores sociales le quitaron a su bebita.

La mujer, indígena oaxaqueña de la comunidad chatina, no supo que estaba siendo acusada de negligencia infantil: Cirila no habla inglés, no habla español, y durante su estancia en el hospital nunca le proporcionaron un intérprete en su lengua, el chatino.

La migración de integrantes de comunidades indígenas mexicanas hacia Estados Unidos no es nueva. Desde hace más de dos décadas indígenas mixtecos y zapotecos procedentes de Oaxaca han buscado mejorar la calidad de vida de sus familias yéndose hacia el país vecino para trabajar en el campo, en la construcción, en la costura o en el sector servicios.

Además del estar en un país nuevo, de no contar con documentos, de no hablar inglés y en ocasiones de no conocer a nadie, estos migrantes se enfrentan con una barrera adicional: muchos de ellos no hablan español, sino sólo la lengua de origen en sus comunidades.

Este problema se vuelve particularmente importante cuando alguno de estos indígenas es detenido o acusado de algún delito.

Cuando de alguna manera dan a entender que son originarios de México, es común que las autoridades den por hecho que el acusado habla español. Cuando éste intenta explicar que no entiende, se interpreta como falta de cooperación, o más aún, como evidencia de culpabilidad. En los casos en los que el involucrado entiende algo de español, se le asigna un intérprete en este idioma, pero no siempre la interpretación es correcta.

Este fue el caso de Cirila.

La persona que atendió a esta mujer en el hospital conversó con ella en español y realizó un reporte. En él asentó cuatro cargos: que Cirila tenía sexo con su casero a cambio de albergue; que pensaba dar en adopción a su hija; que había sido abandonada por su esposo, y que era una inmigrante ilegal. Hoy Cirila enfrenta un proceso ante una corte para evitar que le sean retirados los derechos de custodia sobre su hija, quien podría ser ofrecida en adopción.

Yolanda Cruz, cineasta e intérprete de lengua chatina que vive en Los Ángeles, ha sido la tabla de salvación para Cirila. Gracias al apoyo que Yolanda ha brindado desde esta ciudad durante las comparecencias de su paisana en la corte de Mississipi –la interpretación se hace vía telefónica-, Cirila ha podido aclarar un par de cosas que ella no dijo: su casero sí le da albergue, pero a cambio de su trabajo en un restaurante, y nunca ha pasado por su mente dar a su hija en adopción.

Durante los últimos 25 años, con la llegada de indígenas mixtecos y zapotecos a estados como California, se han construido redes de intérpretes que apoyan a quienes hablan estas lenguas para enfrentar asuntos oficiales, médicos o jurídicos. Sin embargo a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), otras comunidades que no migraban internacionalmente empezaron a cruzar la frontera norte.

Del año 2000 a la fecha indígenas triquis, tzeltales, tzotziles, mayas y popolacas, por nombrar algunos entre cuya tradición no figuraba la práctica de la migración, han llegado a buscar suerte en Estados Unidos. Debido a lo reciente de esta migración, no existen los elementos para ayudarlos a comunicarse, para darles voz.

El asunto es que en México tampoco les va mejor. Se cuentan por cientos los indígenas presos en las cárceles mexicanas esperando un juicio o cumpliendo una condena injusta por no contar con intérpretes que les ayuden en su defensa. Los propios gobiernos mexicanos se niegan a aceptar la diversidad étnica del país, y para estos indígenas sin voz, la justicia se vuelve muda.

En el caso de Cirila, gracias a que tuvo la suerte de encontrar a una paisana suya del otro lado del país, existe una esperanza de que pueda recuperar a su hija, de que la justicia le dé voz. Lamentablemente para la mayoría de los indígenas en una situación similar, parece no haber esperanza.

 

*Publicado en Migrantes, de El Universal.

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