Mamás que no celebran

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Y usted, ¿cómo festejó a su mamá? Para quienes tienen la fortuna de tener a su madre con ellos, la pregunta que se formula un día después del 10 de mayo suele traer una serie de imágenes placenteras: se celebra en familia, con los hijos, los nietos, tal vez algún bisnieto; con regalitos, o con algún regalote si la crisis no es mucha; con comida, con música, con apapachos; bien a la mexicana.

Pero hay algunas mamás mexicanas para las cuales el festejo no sabe a nada. Paradójicamente, son las que mayor sacrificio han hecho para cumplir con su papel de mamá.

María Elena es una de ellas. Originaria del estado de Veracruz, en 2006 vino indocumentada a Los Ángeles para ayudar a su esposo, quien migró antes que ella; para reunir dinero más rápido y poder regresar a comprar un terreno, él le pidió que dejara en México a sus hijos, hoy de 10 y 6 años, y lo alcanzara.

“Para mí fue un golpe al hígado”, dice María Elena, quien tiene tres años sin verlos. “Yo sentía morirme; me iba a los rincones de la casa a llorar sin que nadie me viera porque no me quería venir, pero mi mamá me habló fuerte y me dijo: vete para que hagas algo con tu marido, y de los niños no te preocupes, aquí déjamelos. El día que me vine salí caminando y la niña, que tenía tres años, se dio cuenta y se me colgaba. Fue una decisión muy fuerte, sufrí mucho”.

 

Durante los primeros meses María Elena sentía que el sacrificio valía la pena. Encontró trabajo en una fábrica y empezó a enviar dinero para la comida de los niños, para los útiles, los uniformes de la escuela. Sin embargo en febrero del año pasado una redada coartó su sueño: ahora enfrenta un proceso de deportación y tiene la ilusión, aunque lejana, de que en el transcurso del mismo se apruebe una reforma migratoria que la ayude a regularizar su situación.

“Ahora no he podido trabajar, pero no quiero regresarme porque ¿qué tal si dentro del próximo año habla Obama y da una reforma? Yo sueño de veras que estoy allá con mi mamá y lloro y lloro (…) pero sería peor irme como vine, triste y sin nada”, dice.

Las mujeres constituyen el 50.2% de los inmigrantes en Estados Unidos. Se estima que de los más de nueve millones de inmigrantes provenientes de México y Centroamérica que forman parte de la fuerza laboral de este país, casi tres millones son mujeres. Y de acuerdo con un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), las remesas enviadas por las mujeres migrantes son más altas y constantes que los fondos enviados a sus países de origen por los hombres. Es decir, ellas vienen, dejan hijos, trabajan y mandan más.

Y ciertamente hay una satisfacción en saber que se está sosteniendo a la familia, aunque sea a distancia; pero la realidad es que el Día de las Madres, la verdad no les hace mucha ilusión.

“Les acabo de llamar y les expliqué que venía el 10 de mayo; les pedí que todo el cariño que me quieren dar a mí se lo den a mi mamá, porque ella los está cuidando. Como hija es un golpe muy fuerte, porque eso a mi madre no se lo pago con todo el oro del mundo, y yo no tengo dinero ni siquiera para mandarle un regalito”, dice María Elena sin poder contener los sollozos.

¿Qué cuál sería su Día de las Madres perfecto? “Estar con mis hijos, que son mi vida”.

 

*Publicado en Migrantes, blog de El Universal. Foto: Emilio Flores.

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