Maten al latino

A José Ovaldo Sucuzhañay lo mataron destrozándole el cráneo. Uno de sus atacantes lo golpeó con un bate; otro con una botella rota, mientras gritaban consignas anti-latinas y anti-gays. José Ovaldo, de origen ecuatoriano y quien vivía desde hace 10 años en Brooklyn, Nueva York, en donde ocurrió el ataque, fue diagnosticado con muerte cerebral. Tras una semana de vivir artificialmente, su familia accedió a desconectarlo.

La muerte de José Ovaldo se suma a la del también ecuatoriano Marcello Lucero, quien hace un mes fue golpeado y acuchillado en Long Island, Nueva York, por un grupo de jóvenes que, de acuerdo con la investigación, decidieron salir a la calle a buscar a un latino para golpearlo. Y Marcelo se “veía” latino.

Meses atrás, el 4 de julio, Luis Ramírez, un joven mexicano que vivía en Shenandoah, Pennsylvania, murió en las mismas condiciones: siendo golpeado brutalmente por jóvenes blancos que gritaban insultos raciales mientras lo pateaban en la cabeza.

Estos no son hechos aislados. En los últimos cinco años los crímenes de odio en contra de los latinos en Estados Unidos han aumentado el 40%, de acuerdo con estadísticas de la Oficina Federal de Investigación (FBI). En 2007 los departamentos de policía locales a lo largo del país reportaron al FBI la existencia de 830 víctimas de crímenes anti-hispanos en 595 incidentes. Ambas cifras representan un incremento notable con respecto al año previo, y un 40% con respecto a las cifras de 2003.

De acuerdo con el mismo reporte, los hispanos conformaron el 61.7% de las víctimas de crímenes motivados por el grupo étnico o el origen nacional del atacado. En 2004 la cifra en este rubro fue de 51.3%.

Esta semana un grupo de activistas de diversas organizaciones, encabezadas por el Fondo Mexicoamericano para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF), viajaron a Washington para cabildear en el Congreso sobre la importancia de castigar estos crímenes que, de acuerdo con los propios activistas, no han tenido la resonancia ni la repercusión que se esperaría.

“Todos sabemos que ocurren, pero hay silencio. No deben ser sólo los latinos quienes hablen de ello, sino toda la sociedad”, me comentó John Trasviña, presidente de MALDEF. “Desafortunadamente nuestros funcionarios electos han fallado en reconocer y condenar esta crisis nacional; los medios de comunicación generalmente se han mantenido en silencio, y las familias no han actuado para proteger a sus hijos de ser infectados por este odio”.

El problema no es sólo el silencio cómplice de los medios de comunicación con mayor difusión; el problema es que los programas de radio y televisión –estos últimos transmitidos por cable- cuya línea es claramente anti-inmigrante, siguen operando en la más absoluta impunidad.

Incluso en espacios como la cadena CNN continúan transmitiéndose con gran éxito programas como el de Lou Dobbs, quien a diario difunde sus teorías sobre la pérdida de empleos, el gasto excesivo de impuestos en servicios sociales y el alza en los índices de criminalidad, y culpa de ello, sin argumentos, a los inmigrantes indocumentados de origen latino. La crisis económica por la que atraviesa Estados Unidos, y las cifras de desempleo arañando el 9% a nivel nacional, son el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de estas ideas, para la propagación del odio racial.

Además de esta ola de desinformación, las medidas antiinmigrantes que se han aprobado en decenas de condados contribuyen a empeorar la situación. En el condado de Maricopa, Arizona, por ejemplo, recientemente fue reelecto el sheriff Joe Arpaio, quien abiertamente ha manifestado su postura antiinmigrante y cuyos agentes hostigan e intimidan a los habitantes del lugar. El acoso es tal que en el barrio de Guadalupe, ubicado en dicho condado, los residentes de origen Yaqui son constantemente detenidos y cuestionados sobre su situación migratoria a pesar de que sus familias han vivido en el lugar durante siglos.

Por si esto fuera poco, un tercer elemento entra en la ecuación: durante la administración de George W. Bush se ha permitido que las autoridades locales ejerzan funciones de inmigración, lo que ha provocado que algunas víctimas y testigos de los crímenes de odio no presenten denuncias por temor a que se detecte su situación migratoria y puedan ser deportados. Por esta razón muchos de estos delitos están quedando sin castigar.

Recientemente el diario para el que trabajo hacía una comparación en su artículo editorial, mencionando que en estos tiempos hay más revuelo sobre el peso de la conductora de televisión Oprah Winfrey que sobre estos crímenes que se registran cada vez con mayor frecuencia. No sé si todas las esperanzas que Estados Unidos ha puesto en la próxima administración, cuya sola existencia es una muestra de que el racismo puede ser superado, alcancen para crear conciencia sobre la gravedad de los crímenes de odio en contra de la comunidad hispana; lo que sé es que sería una pena que en un país gobernado por primera vez por una minoría racial, más personas tuvieran que enfrentar la muerte por el simple hecho andar por la calle “viéndose” como latinos.

 

*Publicado en Mundo Abierto.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s