Manos oaxaqueñas

Publicado en La Opinión. Foto Eileen Truax.


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OXNARD, California.— Efraín Ramos sabe lo que es el trabajo duro. Hace un año llegó de la ciudad de Oaxaca para buscar “chamba” en el campo. Allá trabajaba vendiendo frutas y verduras, pero nomás no le alcanzaba, así que se vino para acá con la esperanza de que sus tres hijos puedan tener los estudios que él no tuvo.

El problema ahora es que desde hace más de 4 meses los maestros de Oaxaca están en huelga, la ciudad está tomada, el gobierno está paralizado y sus niños están sin clases.

El hijo mayor, que tiene 15 años, le avisó que está buscando trabajo para ayudar en los gastos de la casa; pero para Efraín, lo importante es que sus hijos estudien. “Para que el día de mañana no tengan que hacer lo que yo, para que no se tengan que venir al campo, al otro lado”.

Y es que la cosa en el campo no está fácil. Durante algunos meses Efraín trabajó cargando pacas en Nevada, pero a veces sólo lo contrataban por treinta horas a la semana.

Entonces alguien le dijo que se fuera a Oxnard, en California, donde hay más trabajo y una gran comunidad oaxaqueña. Y para acá se vino.

Oxnard se ubica a 62 millas al norte de Los Ángeles, en un valle rodeado por campos de cultivo que producen principalmente fresas y moras.

Cada año llegan miles de campesinos hispanos, entre ellos los que vienen de Oaxaca. Aunque no existen estadísticas sobre cuántos oaxaqueños viven en esta ciudad, se estima que podrían ser hasta 15 mil, casi el 10% del total de los habitantes de Oxnard.

“Somos una comunidad que viene a progresar, a buscar el beneficio que no tenemos en nuestro estado”, explica Antonio Flores, dirigente del proyecto Educación y Apoyo para las Comunidades Indígenas. “Allá el gobierno no ayuda; por eso vienen para acá, porque ven la oportunidad para salir adelante en este condado”.

De acuerdo con Antonio, si bien el flujo migratorio desde Oaxaca hacia California ha sido constante durante décadas, en los últimos años se agudizó poniendo de manifiesto las deficiencias del gobierno oaxaqueño para resolver los problemas básicos de su población, y también como consecuencia de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC).

“Cuando empezó el presidente Fox dijeron que no iba a haber mucha migración. Pero en el año 2000 empezó la gente a venir día tras día, de 50 a 100 personas cada día aquí a Oxnard”, recuerda. “En [el cultivo de] la fresa, antes del año 2000, la mayoría eran michoacanos o de Guanajuato, pero después del año 2000 empezaron a llegar puros oaxaqueños”.

En Oxnard la comunidad oaxaqueña más grande es la mixteca, aunque también hay gente de las etnias zapoteca y triqui. Sin embargo cuando de campo se trata, quienes “le entran” son los mixtecos.

“El mixteco ama el campo; aunque haga otra cosas siempre tiene el placer de tener su milpita, sus cultivos; es una tradición agrícola muy fuerte”, comenta Eduardo Stanley, periodista radicado en el Valle de San Joaquín, quien explica que esta tendencia a trabajar en el campo lleva a los mixtecos a las zonas agrícolas, a diferencia de los zapotecos, cuya vocación comerciante hace que busquen los centros urbanos como Los Ángeles.

Aunque no hay datos exactos se estima que en California pudiera haber unos 200 mil oaxaqueños y en el Valle Central entre 45 mil y 70 mil. Y para como están las cosas en Oaxaca, parece que la cifra seguirá creciendo.

Ricardo Ramírez es parte de estas cifras. Hace un año llegó de San Agustín Atenango, en la región mixteca, para trabajar en los campos de mora. Mientras amarra los arbustos que dentro de unas semanas darán frutos, Ricardo recuerda su pueblo, a los abuelitos que dejó allá y los cultivos de su casa.

“Allá trabajaba en la cosecha, pero no ganaba nada, nada más trabajábamos para nosotros”, recuerda. Hacer comercio con el campo es una posibilidad cada vez más lejana en Oaxaca, así que para ganar algo de dinero Ricardo, que sabe tocar la trompeta y el saxofón, tocaba en una banda.

“Nosotros como campesinos allá no tenemos ninguna ayuda de parte del gobierno”, dice Juan Jiménez, otro oaxaqueño que trabaja como supervisor en la empresa Aromas Berry Farm. “Allá tenemos terreno pero no tenemos maquinaria, no tenemos el equipo necesario, no hay como jalar el agua para los terrenos, no hay manera. Si hubiera inversión, nosotros que ya tenemos muchos años acá y sabemos cómo funciona el sistema, yo creo que no vendríamos para acá”.

“Lo que vemos es que el dinero que están mandando los que están aquí ayuda a que pare un poquito la gente que se viene, pero no es suficiente porque el gobierno en sí no está apoyando a nuestra comunidad”, señala por su parte Antonio. “A ellos les conviene porque los que se vienen mandan remesas; no lo dicen claramente, pero lo ven como un medio de inversión para México”, asegura.

Adrián Gaspar, activista de 24 años de edad, es originario de Oaxaca. La semana pasada participó en una movilización que realizó la comunidad oaxaqueña hacia el Consulado de México en Oxnard para exigir al gobierno mexicano una salida pacífica al conflicto.

Hace dos meses Adrián estuvo en la ciudad de Oaxaca y le tocó el momento más duro en la crisis que se vive en ese estado, cuando tras la represión al sindicato de maestros por parte de la policía estatal, otras organizaciones sociales se unieron a este movimiento creándose la Asociación Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), lo que provocó que el problema magisterial se convirtiera en el conflicto social más grave del sexenio de Vicente Fox.

“Vi a los judiciales entrando vestidos de civiles y en una marcha en la que iba yo mataron a una persona”, recuerda el joven. “Vi secuestros en contra de activistas del movimiento que están luchando con amor a su pueblo, porque han vivido la miseria durante los últimos años y sienten que las cosas tienen que cambiar”.

De acuerdo con Adrián, la de por si precaria situación en la entidad se agravó tras la entrada en vigor del TLC. “Es como un plan para convertirnos en un tipo de mercancía; ya no es simplemente exportar petróleo o vegetales, sino que además ahora México se dedica a la exportación de gente”, afirma.

“Está documentado que el TLC ha generado mayor pobreza en el campo”, asegura Stanley. “La ecuación es muy simple: al permitir el ingreso de bienes extranjeros, ha bajado la producción en el campo, y es tanto lo que se está dejando de cultivar en la mixteca que los campos se están volviendo mas secos”.

“Entonces la gente dice, para qué me voy a poner a cosechar en mi tierra si me puedo ir a Estados Unidos, si aquí cosecho me dan una miseria por mi producto y ya mis hijos tampoco quieren hacer eso”, explica Adrián. “Nadie se queda para cuidar nuestra tierra; hay comunidades donde ya casi no hay jóvenes, sólo niños y ancianos. Yo siento tristeza porque aquí vienen y se parten la espalda para poder vivir cuando en realidad quieren estar en México, pero no hay manera de que puedan sobrevivir allá”.

Así le pasa a Efraín. Sentado en la estación del tren en Oxnard, se le llenan los ojos de lágrimas cuando habla de su familia allá, en la ciudad tomada por la APPO, en donde hace un año apenas ganaba 600 pesos a la semana, cerca de 60 dólares. “Ayer estaba mirando el periódico y oí que sí esta duro”, dice con voz quebrada. “Los maestros y el pueblo están apoyando para que el gobierno se salga, porque es una injusticia que el gobierno no le tome importancia a aquellos problemas que tendrían que resolver”.

Así le pasa también a Ricardo, quien anhela volver a Oaxaca. “Mi canción favorita es Mi Ranchito, por mi pueblo; me recuerda todo”, dice con nostalgia. Dice que sabe lo que está pasando en Oaxaca, y piensa que está mal. Dice que sabe que no está fácil hallar trabajo allá, que no va a ganar lo que aquí; pero también dice que él ya se quiere regresar. “Yo creo que porque de allá soy y allá pertenezco”, murmura, y pierde la mirada entre los campos de moras.

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