¡Llegó DREAMERS!

Queridos amigos:

Este mayo finalmente sale a la venta Dreamers, la lucha de una generación por su sueño americano.

Este es un libro construido a través de las voces y el espíritu de jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos siendo pequeños, y que ante la falta de voluntad política para resolver su situación desde la legislación, decidieron tomar en sus manos la lucha por su sueño americano.

Las nueve crónicas que conforman este libro tienen por objetivo pasar de lo político a lo personal; demostrar que más allá de la burocracia legislativa o el derecho migratorio, el tema de los jóvenes indocumentados, los Dreamers, es un asunto de derechos humanos. Un acercamiento al tema de la ciudadanía como el ejercicio vivo de derechos, obligaciones, y la ocupación del espacio en el que se habita más allá de lo establecido en un papel.

El año 2013, con la posibilidad de aprobación de una reforma migratoria que resuelva la situación de once millones de indocumentados en Estados Unidos, marca el momento oportuno para empezar a comprender a esta comunidad que busca su inclusión legítima en la sociedad, desde su base mas noble, que son sus niños y sus jóvenes. Durante los últimos años estos chicos dieron a este país y al mundo una lección de organización y estrategia, de valentía y sensibilidad, que debe servir como motor al movimiento de inmigración por venir.

Algunas de esas historias están contenidas en este libro. Mi mayor deseo es que cada persona que lo lea descubra que estos chicos somos nosotros. Que las sociedades se construyen con base en la solidaridad y la comprensión de la realidad del otro. Los jóvenes que hoy luchan en Estados Unidos por una reivindicación de sus derechos, tendrían que haber estado en las aulas escolares de México, de El Salvador, de Guatemala, de India o de Irán. La situación de vida de sus familias los arrojó a la realidad que ahora viven, y lo menos que les debemos, de un lado o del otro de la frontera, es una mirada comprensiva y solidaria. Porque no existe una mejor manera de construir una política migratoria apegada a la realidad, que viéndola a través de quienes luchan por su sueño.

Muchas gracias por su apoyo.

Eileen Truax.

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Dreamers se presentará este sábado 18 de mayo a las 6:00 pm en la Feria del Libro en Español de Los Ángeles (LéaLA)
Centro de Convenciones de Los Ángeles, Salón Sor Juana Inés de la Cruz.
www.dreamersellibro.com

Solidarios soñadores

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La iniciativa de reforma migratoria dada a conocer esta semana por la llamada “pandilla de los ocho”, el grupo bipartidista de senadores que ha dado el banderazo de salida a la que podría ser la última batalla por conseguir la regularización del estatus migratorio de once millones de indocumentados, ha generado, como era de esperarse, una serie de reacciones a favor y en contra por parte de organizaciones activistas, politólogos y otros individuos y grupos de interés.

Entre las críticas a la iniciativa figuran el periodo de trece años que tendrían que esperar los solicitantes para poder acceder a la ciudadanía; la fecha límite de ingreso para haber entrado a Estados Unidos, el 31 de diciembre de 2011, que dejaría en situación indocumentada a quienes entraron durante 2012 y 2013; o el uso del sistema de verificación laboral E-Verify. Sin embargo, y a diferencia de la iniciativa que fracasó en 2007, esta propuesta contiene también algunos puntos favorables, como el hecho de que quienes solicitan la regularización de su estatus no están obligados a salir del país y presentar la solicitud desde su país de origen; o las opciones con las que contarán algunas personas deportadas que no hayan cometido delitos graves para volver al país; o la excepción para ciertos grupos de inmigrantes que podrán solicitar la ciudadanía a los cinco años de haber regularizado su estatus.

Entre estos últimos, se encuentran los Dreamers, jóvenes indocumentados que ingresaron a Estados Unidos siendo menores de edad, traídos por sus padres, y que en la mayoría de los casos no conocen otro país que Estados Unidos, no hablan otro idioma que el inglés, y tras pasar prácticamente toda su vida en la que consideran su nación, no tienen opciones para recibir educación superior a un costo razonable, para solicitar un empleo, conducir un auto o viajar. Sigue leyendo

¿Por qué no usamos la palabra “ilegal”?

Este martes 2 de abril la agencia informativa Associated Press hizo un anuncio que, aunque a simple vista podría parecer menor, es un avance histórico para la comunidad inmigrante en Estados Unidos.

En un comunicado, la vicepresidente y editora ejecutiva de AP, Kathleen Carroll, informó a través del blog de la organización que “el manual de estilo [de la agencia] no utilizará más el término ‘inmigrante ilegal’ o la palabra ‘ilegal’ para describir a una persona. En lugar de ello, señala a los usuarios que ‘ilegal’ sólo debe describir una acción, como vivir o inmigrar a un país ilegalmente”.

Entre las razones para realizar el cambio, la directiva hace alusión a la amplia discusión generada hace algunas semanas a partir de la publicación de la nueva versión del manual de estilo de AP, que establecía el uso del término “inmigrante ilegal”. Las reacciones por parte de las organizaciones de periodistas hispanos y de grupos activistas proinmigrantes en todo el país fueron numerosas y muchas de ellas apuntaban a sustituir el uso de “ilegal” por “indocumentado”, pero la agencia no cambió su postura entonces. Sin embargo, explica el texto de Carroll, cuando al hacer la revisión de otros apartados en el manual, como la sección de salud mental, se buscó eliminar etiquetas –por ejemplo, sustituir “esquizofrénico” por “diagnosticado con esquizofrenia”–, la discusión regresó al término “ilegal”.

“Concluimos que para ser consistentes, necesitábamos realizar ajustes; y así lo hicimos”.

El manual no acepta la sustitución de “inmigrante ilegal” por el término “indocumentado”, y en cambio sugiere hacer mención al hecho de que la persona entró o se encuentra en el país en violación a la ley, de manera ilegal, o sin permiso legal. El término en inglés “illegal alien”, utilizado principalmente por organizaciones de ideología antiinmigrante, también queda eliminado del documento salvo en los casos en que sea atribuido en una cita textual.

Aunque el debate renació a partir del caso AP, la lucha por eliminar el uso de la palabra “ilegal” al referirse a seres humanos dista mucho de ser nueva. Desde la década de los ochenta, organizaciones activistas en Estados Unidos han buscado que los medios de comunicación detengan el uso del adjetivo al hablar de inmigrantes, y recientemente la organización Colorlines lanzó una campaña para concientizar al público tanto de habla hispana como de habla inglesa sobre el efecto que tiene esta palabra en la vida de las personas.

Un estudio realizado por el Center for American Progress sobre el impacto de las políticas migratorias en los niños, sus familias y las comunidades, evaluó la influencia de los medios de comunicación en inglés en el desarrollo de los menores que viven en Estados Unidos. Los resultados mostraron que los niños asocian a la policía con la inmigración, que el concepto de ser inmigrante tiene una connotación triste para ellos, y que en algunos hay una noción de que ser inmigrante equivale a ser ilegal.

Es preciso recordar que muchas personas con estatus migratorio irregular en Estados Unidos han sido traídos al país en contra de su voluntad debido a redes de explotación laboral o sexual, o han venido huyendo de situaciones que ponen su vida en riesgo, sea por sus creencias políticas, religiosas u orientación sexual. Muchos provienen de países afectados por desastres naturales. Otros simplemente fueron expulsados por políticas económicas de sus países. Y está desde luego el caso de los Dreamers, los jóvenes que llegaron al país de manera irregular debido a una decisión tomada por sus padres. En todos estos casos, los inmigrantes en Estados Unidos están obligados a esperar años para que sus casos sean procesados, incluso cuando son elegibles para regularizar su situación. Algunos viven en un limbo esperando a comparecer ante un juez para determinar su situación jurídica. Utilizar la palabra “ilegal” es emitir un juicio sobre ellos violando su derecho a la presunción de inocencia y a un debido proceso.

La palabra “ilegal” aplicada a una persona promueve la violencia y la discriminación y deshumaniza a quien es adjetivado con ella. Su uso influye en la actitud que la sociedad tiene hacia los migrantes, no solamente en Estados Unidos, sino en los países expulsores. Medios de comunicación en países latinoamericanos como México suelen incluirla también en sus reportes, convirtiendo a sus propios migrantes en ciudadanos de segunda categoría sin importar cuál sea su estatus migratorio.

La decisión anunciada por la agencia AP es un parteaguas en la historia de los medios estadounidenses, y es posible que en las próximas semanas veamos a algunos otros sumarse a estos criterios. Ojalá en los países de origen de nuestros migrantes también se trabaje por eliminar las etiquetas; que exista la sensibilidad para reconocer que, sin importar su origen o su situación jurídica, ningún ser humano es ilegal.

Se puede encontrar más información sobre la campaña “Drope the I Word” en http://colorlines.com/droptheiword/

Publicado en HoyDallas.com.

Defina “criminal”


immigrants 

“La política migratoria debe ser generosa; debe ser justa; debe ser flexible. Con una política de este tipo, podremos voltear a ver al mundo, y a nuestro propio pasado, con las manos y la conciencia limpias”.

–John F. Kennedy. Una nación de inmigrantes, 1958

La última semana de enero de este año será recordada como aquella en la cual la maquinaria de la reforma migratoria en Estados Unidos se volvió a echar a andar. Primero fue el anuncio realizado por un grupo bipartidista de ocho senadores sobre la introducción de una nueva propuesta de ley de inmigración, y después, este martes, el discurso del presidente Barack Obama sobre el mismo asunto.

Ambas cosas son sin duda buenas noticias tras los años de impasse en el tema. Existe incluso un cambio en el discurso en términos de reconocer la contribución de la comunidad inmigrante al país y hay aspectos que representan una mejora considerable con respecto a iniciativas anteriores, como la eliminación del requisito de que quienes soliciten la regularización de su estado migratorio deban regresar a su país de origen a realizar el trámite, que formaba parte del debate en 2007. El hecho de que haya un acuerdo inicial entre ambos partidos también ha hecho que las esperanzas vuelvan a elevarse y que se atisbe un buen escenario para que el 2013 sea el año de la reforma.

Sin embargo hay una serie de elementos que desde ahora están encendiendo algunos focos rojos entre las organizaciones activistas. Con el fin de lograr una propuesta consensuada, los legisladores demócratas han tenido que respaldar la inclusión en la iniciativa de algunos puntos no negociables de la agenda republicana. Uno de ellos es el establecer un “periodo de prueba” que aún es indefinido, pero que aparentemente podría ser de hasta cinco años o más, para que los solicitantes tengan derecho después a una residencia permanente. La extensión de este periodo, así como la aplicación de otras medidas, dependerían del estatus de la seguridad en la frontera sur, que tendría que ser evaluada satisfactoriamente bajo los criterios del Partido Republicano a fin de asegurar que una nueva oleada de ingresos ilegales no vuelva a disparar la cifra de indocumentados en el país. Sigue leyendo

El sueño se decide en las urnas

Un martes como cualquier otro, Nancy Landa se arregló para ir al trabajo. Morena, de figura curvilínea, pelo obscuro y sonrisa linda, se vistió con pantalones negros, una camisa y zapatos de tacón no muy alto; el atuendo de una mujer profesional. Era el 2009 y a sus 29 años de edad, Nancy era la imagen del éxito. Se había graduado cinco años antes de Administración de Negocios y desde entonces había construido una carrera cada vez más sólida en organizaciones de servicio comunitario y en el sector público.

Nancy se aseguró de traer sus pertenencias en el bolso: billetera, tarjetas, el infaltable teléfono celular. Salió de su apartamento en la ciudad de Long Beach, California, con tiempo suficiente para llegar puntual al trabajo; subió al auto que había comprado hace unos meses y que aún estaba pagando, y cuando se dirigía hacia el freeway, desde un vehículo le ordenaron detenerse. No era un auto de la Policía ni de la Patrulla de Caminos, pero Nancy no se preocupó: detuvo el auto, bajó el vidrio y esperó a que se acercara un agente.

Lo que siguió es una sucesión de recuerdos borrosos. Tres agentes de inmigración le informaron que estaba detenida. La subieron al vehículo, una camioneta blanca sin identificación; su auto quedó ahí, mal estacionado a la orilla del camino. Dos horas más tarde Nancy estaba en un centro de detención del centro de Los Ángeles, y ocho horas después deportada en Tijuana: sin más ropa que la puesta, sin amigos, sin familia, sin pasado; sin nada más que su bolso con cuarenta dólares y un teléfono celular. Y así, en un martes como cualquier otro, la vida que Nancy había construido durante los últimos veinte años se esfumó.

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72 Migrantes, dos años después

No se sabe específicamente a qué hora fue, ni siquiera el día exacto. Se sabe que salieron de Veracruz el 21 de agosto de 2010, y que entre el 22 y el 23 un grupo de hombres los acorraló en el ejido El Huizache, municipio de San Fernando, en Tamaulipas, México. Se sabe también que todos eran originarios de Centroamérica y que habían cruzado México con la intención de llegar a Estados Unidos, a donde ingresarían indocumentados. Se supone que irían guiados por algún “pollero” a cargo del transporte y que viajaban en dos autobuses. Se sabe que el día 24 la Marina encontró los cadáveres de 72 personas que habían fallecido el día anterior en una fosa clandestina. Se sabe que se volvieron un símbolo de la tragedia que viven cada día cientos de migrantes indocumentados que cruzan territorio mexicano conscientes de que pueden perder la vida: no por el sol del desierto de Arizona o por las aguas revueltas del Río Grande en Texas, sino por la corrupción y la impunidad con la que operan autoridades y grupos delictivos en México. Sigue leyendo

Boicot a Arizona

La mañana de hoy Arizona se metió en un viaje en el tiempo. Con la firma de la iniciativa de ley SB1070, la gobernadora Jan Brewer llevó a este estado fronterizo al siglo XIX, cuando la entidad se incorporó a la Unión Americana bajo el nombre de Estado de Arizona. Habiendo formado parte del territorio mexicano y siendo habitada por grupos indígenas como los Pueblo, los Yaqui o los Navajo, Bringham Young, el entonces dirigente de la Iglesia de los Santos de los Últimos días, o mormones, decidió poblar la zona con personas de origen europeo. Bajo esa premisa fueron fundadas ciudades como Phoenix, Tempe y Prescott, que hoy son el corazón del estado.

Durante más de un siglo la búsqueda por la supremacía anglosajona ha marcado a Arizona como uno de los estados con políticas más retrógradas y racistas de la Unión Americana. Algunas de las leyes antiinmigrantes más radicales se han cocinado ahí y la entidad está considerada el laboratorio legislativo del país: se impulsan leyes antiinmigrantes en Arizona y de ahí se extienden a otros estados.
Es en Arizona, en el condado de Maricopa –al cual pertenece Phoenix, la capital- donde el sheriff Joe Arpaio, operando con dolorosa impunidad, ha aterrorizado a los habitantes de origen latino en busca de “limpiar” a las comunidades de inmigrantes indocumentados –aún cuando sean estos mismos inmigrantes los que podan los jardines, construyen sus casas, cuidan a sus hijos, largo etcétera. Es en Arizona también donde en 2004 se aprobó la Proposición 200, que niega el acceso a servicios públicos a quien se encuentre en el país sin documentos. Sigue leyendo

Menores latinos frente al imán de la frontera

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El Norte sigue siendo atractivo y, en México, los menores de edad quieren cruzar su frontera.

A pesar de las proyecciones de que la migración indocumentada desde México hacia Estados Unidos bajaría debido a la recesión y alto índice de desempleo en este país, las casas que reciben a menores repatriados a México registraron un incremento en su afluencia durante el primer trimestre de 2009.

De acuerdo con Uriel González, director de las Casas para Menores Migrantes YMCA, en donde el 99% de los menores que se reciben han sido repatriados, entre enero y marzo se registró un alza de más de 150 menores con respecto al mismo período del año anterior en las cuatro casas que esta red tiene instaladas a lo largo de la frontera. Sigue leyendo