La máquina de deportar

 

not1more

 

El número tabú era 2 millones, y hace unos días el tabú rompió récord.

Desde el primer año de la administración del presidente Barack Obama, cuando se revisó la cantidad de deportaciones realizadas durante su gestión, las organizaciones pro-inmigrantes de Estados Unidos alertaron que al llegar a su segundo periodo, el “presidente de la esperanza” podría convertirse en el que más deportaciones haya realizado en la historia del país.

Aunque no es posible determinar con exactitud el momento del cruce de la línea en la cifra récord, los grupos pro-inmigrantes eligieron el pasado 5 de abril como la fecha clave para protestar por los 2 millones de deportados y en contra de la política aplicada por la Casa Blanca durante los últimos cinco años.

Decenas de organizaciones realizaron manifestaciones en algunas de las principales ciudades del país, en las que pidieron al presidente que emita una orden ejecutiva, facultad que está en su poder, para detener las deportaciones en los casos de inmigrantes que no han cometido delitos graves y no representan una amenaza para el país.

Sigue leyendo

Diego Luna: El riesgo se llama César Chávez

 

gatopdiego

 

Diego Luna está contento. Los ojos brillantes y la sonrisa de niño, que lo siguen acompañando a sus treinta y cuatro años de edad, son el centro de atención a pesar de sus esfuerzos por pasar inadvertido. Semihundido en una butaca de la última fila en el teatro James Bridges, conversa con Pablo Cruz, su socio en la productora Canana, fingiendo que es un espectador más. Pero claro, alguien voltea, lo reconoce, le pide la foto, le planta un beso y en dos minutos ya está compartiendo la sonrisa con todo el mundo.

Las cerca de trescientas personas que están hoy en este teatro ubicado en el campus de la Universidad de California Los Angeles (UCLA), saben que no van a ver una película promedio; de hecho, ellos mismos no son la audiencia promedio. Quienes están aquí tienen como punto común al líder campesino mexicoamericano César Chávez: fueron sus amigos o compañeros de sindicato, son estudiosos de su vida, o intentan dar continuidad a su proyecto. Durante cuarenta años se preguntaron qué pasaría cuando alguien se atreviera a hacer una película sobre él. Diego Luna está a punto de darles la respuesta.

Sigue leyendo

Acción masiva para pedir asilo en EU

IMG_3169

María Peniche cuenta las horas. Instalada en un hotelito de San Diego, California, hace llamadas, da entrevistas, ayuda en los preparativos, pero nada disminuye la ansiedad: ya quiere que llegue el día, saber de ellos, verlos. María no puede ir a México, pero este lunes sus padres vendrán a la frontera, se presentarán en la garita con una solicitud de asilo político, y buscarán quedarse en Estados Unidos.

Este 10 de marzo un grupo de entre 150 y 200 personas, niños, jóvenes y padres de familia, intentarán hacer lo mismo que los papás de María: volver a Estados Unidos, el sitio en el que han pasado varios años de su vida -en algunos casos prácticamente la vida entera-, y que tuvieron que dejar para volver a México, su país de origen, debido a un proceso de deportación, a un problema familiar, o ante la falta de oportunidades en el país del norte. En todos los casos, la experiencia mexicana no ha sido buena; ahora anhelan volver al sitio que consideran su hogar.

La cita para “la acción”, como describen los organizadores este retorno masivo de migrantes, es en la garita conocida como Mesa de Otay en el lado mexicano (Tijuana), o como Otay Mesa en el lado estadounidense (San Diego), a las diez de la mañana. Hasta ahí llegarán las 157 personas confirmadas hasta ahora, más las que se sumen en las siguientes horas, para iniciar el cruce; la meta son 200. Este es el tercer evento de este tipo impulsado por el grupo activista Dreamactivist a través de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes (The NIYA), parte del movimiento que bautizaron como Bring Them Home (tráiganlos de regreso a casa), y que inició en julio de 2013. Sigue leyendo

Legalización en veremos… y a pedacitos

Tener la ciudadanía completa o simplemente alejar el peligro de una deportación. Esta es la disyuntiva a la cual se enfrentan en Estados Unidos los indocumentados y los activistas que defienden su causa. En todo caso, la eventual aprobación de una ley en materia migratoria no ofrecería una reforma integral para otorgar la ciudadanía, sino una serie de medidas para dar estatus legal a ciertos sectores. Justo este tema tiene divididos a los posibles beneficiarios de la reforma.

proceso1

LOS ÁNGELES, CAL.- El pasado 28 de enero, durante su discurso sobre el “estado de la nación”, el presidente estadunidense Barack Obama pronunció una frase que provocó aplausos entre algunos de los presentes: “Es tiempo de arreglar nuestro inoperante sistema de inmigración”. Las palabras de Obama no son novedosas. Las ha pronunciado con cierta regularidad durante los últimos seis años –uno de campaña y cinco de gobierno–. Sin importar cuán bien intencionado sea, hasta el momento su gobierno arroja un saldo negativo en lo tocante a los 11 millones de inmigrantes indocumentados en este país.Dos días después del discurso presidencial y a un año de presentada la iniciativa de Ley S744 –el proyecto del Senado que buscaba revivir una posible reforma migratoria y terminó en la congeladora de la Cámara de Representantes–, el líder republicano en la Cámara Baja, John Boehner, dio a conocer una serie de lineamientos que constituirían la base para una nueva propuesta legislativa a discutirse los meses venideros.

Entre los puntos a considerar resaltan, igual que en el proyecto aprobado por el Senado, la necesidad de fortalecer la seguridad en la frontera, el control de ingresos al país mediante un estricto sistema de visas y la aplicación de sanciones a quienes contraten a empleados indocumentados. Estas tres medidas se presentan como el eje indispensable para considerar cualquier tipo de ley encaminada a la regularización del estatus migratorio de la población sin documentos.

Sigue leyendo

De aquí y de allá: El derecho a lo mejor de dos mundos

esquina

Los últimos nueve años de mi vida están marcados por una frontera. La línea imaginaria que empieza en el Océano Pacífico, entre las ciudades de Tijuana, en México, y San Diego, en Estados Unidos, se extiende por más de tres mil kilómetros hacia el Este, según loestablecido en un tratado leonino firmado hace casi dos siglos entre los dos países (bueno, en realidad entre fulanos que pretendían representar a los dos países), y llega al punto en el que el Río Grande desemboca en el Golfo de México separando a la ciudad de Brownsville, en Texas, de la mexicana Matamoros.

Por momentos agua, en otros montaña, en algunos tramos desierto y en muchos un muro de acero con alambre de púas, que de tan absurdo ofende, la frontera es una larga cicatriz mancillando tierras, bosques y comunidades hermanas que en la práctica nunca han estado divididas. Uno se puede parar en un punto cualquiera y mirar hacia los dos lados: el agua no cambia de color, la tierra seca suelta el mismo polvo, el viento sopla de un lado al otro, se cuela por las rejas y regresa. Mientras más avanza uno, la línea imaginaria se va convirtiendo en un sinsentido mayor.

Como es sabido, por la frontera entre México y Estados Unidos transitan las esperanzas de cientos de miles de indocumentados que cruzan cada año de manera ilegal, y también las de 350 millones de personas que cruzan legalmente. Sea de una manera o de otra, esta línea tiene el poder de colocar sobre quien la atraviesa etiquetas que en el caso de México, mi país, se vuelven marcas que deconstruyen y reconfiguran la identidad. Dime cómo, por qué, hace cuánto tiempo, por dónde y en qué dirección cruzaste la línea, y te diré quién eres.

Sigue leyendo

Nueve Dreamers desafían al sistema migratorio de EEUU

home

El miércoles 7 de agosto, tras 17 días de permanecer en prisión, nueve jóvenes indocumentados lograron lo que durante décadas congresistas, abogados y organizaciones activistas estadunidenses han intentado: utilizar las leyes de inmigración de ese país para solucionar la situación de quienes han sido deportados o han tenido que abandonar su vida en Estados Unidos para volver a sus países de origen.

Los jóvenes mexicanos iniciaron el martes 22 de julio la acción de desobediencia civil más radical que ha realizado el movimiento Dreamer. Caminando desde el lado mexicano hacia la garita que conecta las ciudades de Nogales, Sonora, y su homónima en Arizona, Lizbeth Mateo, Lulu Martínez, María Peniche, Adriana Gil, Claudia Amaro, Marco Saavedra, Mario Gómez, Luis León y Ceferino Santiago hicieron saber a quienes se encontraban en el lugar, incluidos los oficiales de inmigración, que eran indocumentados, que no sentían vergüenza de serlo, y que tras haber regresado a México por diversas razones —algunos semanas atrás, otros hace años; algunos debido a una deportación, otros por motivos personales— deseaban regresar al país que los vio crecer y que consideran suyo. Sigue leyendo

¡Llegó DREAMERS!

Queridos amigos:

Este mayo finalmente salió a la venta Dreamers, la lucha de una generación por su sueño americano.

Este es un libro construido a través de las voces y el espíritu de jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos siendo pequeños, y que ante la falta de voluntad política para resolver su situación desde la legislación, decidieron tomar en sus manos la lucha por su sueño americano.

Las nueve crónicas que conforman este libro tienen por objetivo pasar de lo político a lo personal; demostrar que más allá de la burocracia legislativa o el derecho migratorio, el tema de los jóvenes indocumentados, los Dreamers, es un asunto de derechos humanos. Un acercamiento al tema de la ciudadanía como el ejercicio vivo de derechos, obligaciones, y la ocupación del espacio en el que se habita más allá de lo establecido en un papel.

El año 2013, con la posibilidad de aprobación de una reforma migratoria que resuelva la situación de once millones de indocumentados en Estados Unidos, marca el momento oportuno para empezar a comprender a esta comunidad que busca su inclusión legítima en la sociedad, desde su base mas noble, que son sus niños y sus jóvenes. Durante los últimos años estos chicos dieron a este país y al mundo una lección de organización y estrategia, de valentía y sensibilidad, que debe servir como motor al movimiento de inmigración por venir.

Algunas de esas historias están contenidas en este libro. Mi mayor deseo es que cada persona que lo lea descubra que estos chicos somos nosotros. Que las sociedades se construyen con base en la solidaridad y la comprensión de la realidad del otro. Los jóvenes que hoy luchan en Estados Unidos por una reivindicación de sus derechos, tendrían que haber estado en las aulas escolares de México, de El Salvador, de Guatemala, de India o de Irán. La situación de vida de sus familias los arrojó a la realidad que ahora viven, y lo menos que les debemos, de un lado o del otro de la frontera, es una mirada comprensiva y solidaria. Porque no existe una mejor manera de construir una política migratoria apegada a la realidad, que viéndola a través de quienes luchan por su sueño.

Muchas gracias por su apoyo.

Eileen Truax.

PortadaDreamers2

Dreamers se presentará este sábado 18 de mayo a las 6:00 pm en la Feria del Libro en Español de Los Ángeles (LéaLA)
Centro de Convenciones de Los Ángeles, Salón Sor Juana Inés de la Cruz.
www.dreamersellibro.com

Solidarios soñadores

photo

La iniciativa de reforma migratoria dada a conocer esta semana por la llamada “pandilla de los ocho”, el grupo bipartidista de senadores que ha dado el banderazo de salida a la que podría ser la última batalla por conseguir la regularización del estatus migratorio de once millones de indocumentados, ha generado, como era de esperarse, una serie de reacciones a favor y en contra por parte de organizaciones activistas, politólogos y otros individuos y grupos de interés.

Entre las críticas a la iniciativa figuran el periodo de trece años que tendrían que esperar los solicitantes para poder acceder a la ciudadanía; la fecha límite de ingreso para haber entrado a Estados Unidos, el 31 de diciembre de 2011, que dejaría en situación indocumentada a quienes entraron durante 2012 y 2013; o el uso del sistema de verificación laboral E-Verify. Sin embargo, y a diferencia de la iniciativa que fracasó en 2007, esta propuesta contiene también algunos puntos favorables, como el hecho de que quienes solicitan la regularización de su estatus no están obligados a salir del país y presentar la solicitud desde su país de origen; o las opciones con las que contarán algunas personas deportadas que no hayan cometido delitos graves para volver al país; o la excepción para ciertos grupos de inmigrantes que podrán solicitar la ciudadanía a los cinco años de haber regularizado su estatus.

Entre estos últimos, se encuentran los Dreamers, jóvenes indocumentados que ingresaron a Estados Unidos siendo menores de edad, traídos por sus padres, y que en la mayoría de los casos no conocen otro país que Estados Unidos, no hablan otro idioma que el inglés, y tras pasar prácticamente toda su vida en la que consideran su nación, no tienen opciones para recibir educación superior a un costo razonable, para solicitar un empleo, conducir un auto o viajar. Sigue leyendo