Niños y adolescentes migrantes: Buscando a Fernanda

Foto: Aurelia Ventura

Son las 9:20 de la mañana cuando Mario Saavedra ingresa al edificio de oficinas marcado con el número 3550 del bulevar Wilshire, en Los Ángeles. Con camisa y pantalón de vestir impecablemente planchados, y los zapatos negros relucientes, sube al tercer piso y recorre puertas hasta llegar a una marcada con el escudo de Honduras: tiene una cita a las 9:30 para hablar con algún funcionario de su representación consular.

Una hora más tarde nadie lo ha atendido. Mario trata de mostrarse paciente, pero se desespera. Hace dos semanas recibió una llamada de las autoridades de inmigración de Estados Unidos: Fernanda, su hija de 14 años, fue detenida mientras ingresaba sin documentos al país por la frontera entre México y Texas.

Tras darle la noticia, una trabajadora social pidió a Mario sus datos y le dijo que alguien más se comunicaría con él; no le dio un número telefónico al cual llamar ni le dijo en dónde se encontraba la niña.

Días más tarde Fernanda le habló: estaba en un albergue, pero no le supo decir en dónde. La llamada fue puro llanto hasta que se cortó. Las llamadas desde los albergues no duran más de tres minutos y el número aparece bloqueado. Mario se quedó con el teléfono en la mano, sin saber qué hacer. Sigue leyendo

Sin papeles y sin salud

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El primer día de 2014, Gaby Pérez inició una cuenta regresiva: diez, nueve, ocho, siete. Sabía que el 11 de enero, cuando la cuenta terminara, la vida le iba a cambiar. Cualquier chica habría estado entusiasmada por cumplir 21 años, pero ella veía pasar los días con angustia. Seis, cinco, cuatro. El 10 de enero recibiría su último paquete con insumos médicos: una caja con 30 sondas, indispensables para orinar.

Tres, dos, uno, cero: el 11 de enero, después de 19 años de recibir atención médica por parte del gobierno estadounidense, Gaby cumplió la mayoría de edad y la puerta se le cerró: para el sistema de salud de este país, Gaby no existe más. Feliz cumpleaños.

Gaby es una de los 11 millones de habitantes de Estados Unidos que la reforma de salud, la ley conocida como Obamacare -cuyo nombre oficial es Ley de Acceso a la Salud-, dejó en el olvido. De acuerdo con la iniciativa que tanto capital político costó al presidente Barack Obama, a partir del 1 de enero de 2014 todos los ciudadanos estadounidenses deberán haber contratado un seguro de salud a precio accesible, salvo algunas excepciones, so pena de recibir una multa económica. Sigue leyendo

La violencia como excepción

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Hace unos días me invitaron a participar en una conferencia sobre el estado de la prensa en México y los retos que enfrentamos quienes colaboramos en medios en ese país o cubrimos temas vinculados con él.

El evento fue organizado por el Center for US-Mexican Studies de la Universidad de California San Diego (UCSD). Durante un par de días se habló de historia de la prensa en México, sobre censura y libertad de expresión; se hizo un recorrido por la relación entre los medios y el poder, y tanto los panelistas como la audiencia estaban marcados por el sello de la binacionalidad: académicos y periodistas provenientes de Boston o de Culiacán, hicieron presentaciones y participaron en debates por demás iluminadores.

Cuando llegó mi turno, tuve el privilegio de compartir la mesa con personas a quienes admiro y respeto: Rafael Barajas “El Fisgón”; Vicente Calderón, de Tijuana Press; Sam Quiñones, ex corresponsal del diario LA Times en México, o el sensacional Javier Valdez Cárdenas, fundador del semanario Ríodoce de Sinaloa, ganador del PEN Club Award.

Sentado junto a mí se encontraba Javier Garza, quien fue director del diario El Siglo de Torreón durante el sexenio de Felipe Calderón. El Siglo fue de los pocos medios que continuó haciendo una cobertura certera durante los años en los que la violencia y la extorsión se ciñeron en la región de La Laguna y callaron las prensas. El trabajo bajo amenaza y ataque ha sido el signo de sus periodistas en estos años. Con esta experiencia, Garza diseñó el protocolo de seguridad que hoy se sigue en varias redacciones del país para proteger a sus periodistas. Sigue leyendo

Gabriel García Márquez y el mejor oficio del mundo

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–Y mire, la casa de allá; no, no esa, la de al lado: esa es la casa de Gabrielgarciamárquez Premionóbel. Pero por aquí no viene nunca, ¿eh? Él vive en México.

Era de noche e íbamos en un taxi Liliana Alcántara, María Eugenia González y yo. Habíamos pasado todo el día, uno de esos días de sudor que te pega la ropa al cuerpo, encerradas con otros once talleristas en el edificio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena de Indias, Colombia. Era julio de 2002, hacía un calor del carajo, y nos habíamos ido a dar un baño al hotel antes de robarle horas al sueño para caminar por la ciudad amurallada que al anochecer se pinta con la luz color ámbar.

Como decenas de periodistas antes que nosotras, y como cientos más en los años por venir, empezábamos a reconocernos como parte de esa generación que ha pasado por el edificio de la calle San Juan de Dios, con sus techos altísimos, sus escaleras angostas de barandales de madera indestructible, y los balcones que asoman a los muros del templo de San Pedro Claver. Una generación que en las aulas de piso de ajedrez ha aprendido que el periodismo se hace con ética, con investigación y sin comillas; caminando las calles, escuchando, preservando la capacidad de sorpresa, y escribiendo, y borrando, y volviendo a escribir. Echando el cuento, pues. Sigue leyendo

La máquina de deportar

 

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El número tabú era 2 millones, y hace unos días el tabú rompió récord.

Desde el primer año de la administración del presidente Barack Obama, cuando se revisó la cantidad de deportaciones realizadas durante su gestión, las organizaciones pro-inmigrantes de Estados Unidos alertaron que al llegar a su segundo periodo, el “presidente de la esperanza” podría convertirse en el que más deportaciones haya realizado en la historia del país.

Aunque no es posible determinar con exactitud el momento del cruce de la línea en la cifra récord, los grupos pro-inmigrantes eligieron el pasado 5 de abril como la fecha clave para protestar por los 2 millones de deportados y en contra de la política aplicada por la Casa Blanca durante los últimos cinco años.

Decenas de organizaciones realizaron manifestaciones en algunas de las principales ciudades del país, en las que pidieron al presidente que emita una orden ejecutiva, facultad que está en su poder, para detener las deportaciones en los casos de inmigrantes que no han cometido delitos graves y no representan una amenaza para el país.

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Diego Luna: El riesgo se llama César Chávez

 

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Diego Luna está contento. Los ojos brillantes y la sonrisa de niño, que lo siguen acompañando a sus treinta y cuatro años de edad, son el centro de atención a pesar de sus esfuerzos por pasar inadvertido. Semihundido en una butaca de la última fila en el teatro James Bridges, conversa con Pablo Cruz, su socio en la productora Canana, fingiendo que es un espectador más. Pero claro, alguien voltea, lo reconoce, le pide la foto, le planta un beso y en dos minutos ya está compartiendo la sonrisa con todo el mundo.

Las cerca de trescientas personas que están hoy en este teatro ubicado en el campus de la Universidad de California Los Angeles (UCLA), saben que no van a ver una película promedio; de hecho, ellos mismos no son la audiencia promedio. Quienes están aquí tienen como punto común al líder campesino mexicoamericano César Chávez: fueron sus amigos o compañeros de sindicato, son estudiosos de su vida, o intentan dar continuidad a su proyecto. Durante cuarenta años se preguntaron qué pasaría cuando alguien se atreviera a hacer una película sobre él. Diego Luna está a punto de darles la respuesta.

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Acción masiva para pedir asilo en EU

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María Peniche cuenta las horas. Instalada en un hotelito de San Diego, California, hace llamadas, da entrevistas, ayuda en los preparativos, pero nada disminuye la ansiedad: ya quiere que llegue el día, saber de ellos, verlos. María no puede ir a México, pero este lunes sus padres vendrán a la frontera, se presentarán en la garita con una solicitud de asilo político, y buscarán quedarse en Estados Unidos.

Este 10 de marzo un grupo de entre 150 y 200 personas, niños, jóvenes y padres de familia, intentarán hacer lo mismo que los papás de María: volver a Estados Unidos, el sitio en el que han pasado varios años de su vida -en algunos casos prácticamente la vida entera-, y que tuvieron que dejar para volver a México, su país de origen, debido a un proceso de deportación, a un problema familiar, o ante la falta de oportunidades en el país del norte. En todos los casos, la experiencia mexicana no ha sido buena; ahora anhelan volver al sitio que consideran su hogar.

La cita para “la acción”, como describen los organizadores este retorno masivo de migrantes, es en la garita conocida como Mesa de Otay en el lado mexicano (Tijuana), o como Otay Mesa en el lado estadounidense (San Diego), a las diez de la mañana. Hasta ahí llegarán las 157 personas confirmadas hasta ahora, más las que se sumen en las siguientes horas, para iniciar el cruce; la meta son 200. Este es el tercer evento de este tipo impulsado por el grupo activista Dreamactivist a través de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes (The NIYA), parte del movimiento que bautizaron como Bring Them Home (tráiganlos de regreso a casa), y que inició en julio de 2013. Sigue leyendo

Legalización en veremos… y a pedacitos

Tener la ciudadanía completa o simplemente alejar el peligro de una deportación. Esta es la disyuntiva a la cual se enfrentan en Estados Unidos los indocumentados y los activistas que defienden su causa. En todo caso, la eventual aprobación de una ley en materia migratoria no ofrecería una reforma integral para otorgar la ciudadanía, sino una serie de medidas para dar estatus legal a ciertos sectores. Justo este tema tiene divididos a los posibles beneficiarios de la reforma.

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LOS ÁNGELES, CAL.- El pasado 28 de enero, durante su discurso sobre el “estado de la nación”, el presidente estadunidense Barack Obama pronunció una frase que provocó aplausos entre algunos de los presentes: “Es tiempo de arreglar nuestro inoperante sistema de inmigración”. Las palabras de Obama no son novedosas. Las ha pronunciado con cierta regularidad durante los últimos seis años –uno de campaña y cinco de gobierno–. Sin importar cuán bien intencionado sea, hasta el momento su gobierno arroja un saldo negativo en lo tocante a los 11 millones de inmigrantes indocumentados en este país.Dos días después del discurso presidencial y a un año de presentada la iniciativa de Ley S744 –el proyecto del Senado que buscaba revivir una posible reforma migratoria y terminó en la congeladora de la Cámara de Representantes–, el líder republicano en la Cámara Baja, John Boehner, dio a conocer una serie de lineamientos que constituirían la base para una nueva propuesta legislativa a discutirse los meses venideros.

Entre los puntos a considerar resaltan, igual que en el proyecto aprobado por el Senado, la necesidad de fortalecer la seguridad en la frontera, el control de ingresos al país mediante un estricto sistema de visas y la aplicación de sanciones a quienes contraten a empleados indocumentados. Estas tres medidas se presentan como el eje indispensable para considerar cualquier tipo de ley encaminada a la regularización del estatus migratorio de la población sin documentos.

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