Gabriel García Márquez y el mejor oficio del mundo

GGper

–Y mire, la casa de allá; no, no esa, la de al lado: esa es la casa de Gabrielgarciamárquez Premionóbel. Pero por aquí no viene nunca, ¿eh? Él vive en México.

Era de noche e íbamos en un taxi Liliana Alcántara, María Eugenia González y yo. Habíamos pasado todo el día, uno de esos días de sudor que te pega la ropa al cuerpo, encerradas con otros once talleristas en el edificio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena de Indias, Colombia. Era julio de 2002, hacía un calor del carajo, y nos habíamos ido a dar un baño al hotel antes de robarle horas al sueño para caminar por la ciudad amurallada que al anochecer se pinta con la luz color ámbar.

Como decenas de periodistas antes que nosotras, y como cientos más en los años por venir, empezábamos a reconocernos como parte de esa generación que ha pasado por el edificio de la calle San Juan de Dios, con sus techos altísimos, sus escaleras angostas de barandales de madera indestructible, y los balcones que asoman a los muros del templo de San Pedro Claver. Una generación que en las aulas de piso de ajedrez ha aprendido que el periodismo se hace con ética, con investigación y sin comillas; caminando las calles, escuchando, preservando la capacidad de sorpresa, y escribiendo, y borrando, y volviendo a escribir. Echando el cuento, pues. Sigue leyendo

La máquina de deportar

 

not1more

 

El número tabú era 2 millones, y hace unos días el tabú rompió récord.

Desde el primer año de la administración del presidente Barack Obama, cuando se revisó la cantidad de deportaciones realizadas durante su gestión, las organizaciones pro-inmigrantes de Estados Unidos alertaron que al llegar a su segundo periodo, el “presidente de la esperanza” podría convertirse en el que más deportaciones haya realizado en la historia del país.

Aunque no es posible determinar con exactitud el momento del cruce de la línea en la cifra récord, los grupos pro-inmigrantes eligieron el pasado 5 de abril como la fecha clave para protestar por los 2 millones de deportados y en contra de la política aplicada por la Casa Blanca durante los últimos cinco años.

Decenas de organizaciones realizaron manifestaciones en algunas de las principales ciudades del país, en las que pidieron al presidente que emita una orden ejecutiva, facultad que está en su poder, para detener las deportaciones en los casos de inmigrantes que no han cometido delitos graves y no representan una amenaza para el país.

Sigue leyendo

Diego Luna: El riesgo se llama César Chávez

 

gatopdiego

 

Diego Luna está contento. Los ojos brillantes y la sonrisa de niño, que lo siguen acompañando a sus treinta y cuatro años de edad, son el centro de atención a pesar de sus esfuerzos por pasar inadvertido. Semihundido en una butaca de la última fila en el teatro James Bridges, conversa con Pablo Cruz, su socio en la productora Canana, fingiendo que es un espectador más. Pero claro, alguien voltea, lo reconoce, le pide la foto, le planta un beso y en dos minutos ya está compartiendo la sonrisa con todo el mundo.

Las cerca de trescientas personas que están hoy en este teatro ubicado en el campus de la Universidad de California Los Angeles (UCLA), saben que no van a ver una película promedio; de hecho, ellos mismos no son la audiencia promedio. Quienes están aquí tienen como punto común al líder campesino mexicoamericano César Chávez: fueron sus amigos o compañeros de sindicato, son estudiosos de su vida, o intentan dar continuidad a su proyecto. Durante cuarenta años se preguntaron qué pasaría cuando alguien se atreviera a hacer una película sobre él. Diego Luna está a punto de darles la respuesta.

Sigue leyendo

Acción masiva para pedir asilo en EU

IMG_3169

María Peniche cuenta las horas. Instalada en un hotelito de San Diego, California, hace llamadas, da entrevistas, ayuda en los preparativos, pero nada disminuye la ansiedad: ya quiere que llegue el día, saber de ellos, verlos. María no puede ir a México, pero este lunes sus padres vendrán a la frontera, se presentarán en la garita con una solicitud de asilo político, y buscarán quedarse en Estados Unidos.

Este 10 de marzo un grupo de entre 150 y 200 personas, niños, jóvenes y padres de familia, intentarán hacer lo mismo que los papás de María: volver a Estados Unidos, el sitio en el que han pasado varios años de su vida -en algunos casos prácticamente la vida entera-, y que tuvieron que dejar para volver a México, su país de origen, debido a un proceso de deportación, a un problema familiar, o ante la falta de oportunidades en el país del norte. En todos los casos, la experiencia mexicana no ha sido buena; ahora anhelan volver al sitio que consideran su hogar.

La cita para “la acción”, como describen los organizadores este retorno masivo de migrantes, es en la garita conocida como Mesa de Otay en el lado mexicano (Tijuana), o como Otay Mesa en el lado estadounidense (San Diego), a las diez de la mañana. Hasta ahí llegarán las 157 personas confirmadas hasta ahora, más las que se sumen en las siguientes horas, para iniciar el cruce; la meta son 200. Este es el tercer evento de este tipo impulsado por el grupo activista Dreamactivist a través de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes (The NIYA), parte del movimiento que bautizaron como Bring Them Home (tráiganlos de regreso a casa), y que inició en julio de 2013. Sigue leyendo

Legalización en veremos… y a pedacitos

Tener la ciudadanía completa o simplemente alejar el peligro de una deportación. Esta es la disyuntiva a la cual se enfrentan en Estados Unidos los indocumentados y los activistas que defienden su causa. En todo caso, la eventual aprobación de una ley en materia migratoria no ofrecería una reforma integral para otorgar la ciudadanía, sino una serie de medidas para dar estatus legal a ciertos sectores. Justo este tema tiene divididos a los posibles beneficiarios de la reforma.

proceso1

LOS ÁNGELES, CAL.- El pasado 28 de enero, durante su discurso sobre el “estado de la nación”, el presidente estadunidense Barack Obama pronunció una frase que provocó aplausos entre algunos de los presentes: “Es tiempo de arreglar nuestro inoperante sistema de inmigración”. Las palabras de Obama no son novedosas. Las ha pronunciado con cierta regularidad durante los últimos seis años –uno de campaña y cinco de gobierno–. Sin importar cuán bien intencionado sea, hasta el momento su gobierno arroja un saldo negativo en lo tocante a los 11 millones de inmigrantes indocumentados en este país.Dos días después del discurso presidencial y a un año de presentada la iniciativa de Ley S744 –el proyecto del Senado que buscaba revivir una posible reforma migratoria y terminó en la congeladora de la Cámara de Representantes–, el líder republicano en la Cámara Baja, John Boehner, dio a conocer una serie de lineamientos que constituirían la base para una nueva propuesta legislativa a discutirse los meses venideros.

Entre los puntos a considerar resaltan, igual que en el proyecto aprobado por el Senado, la necesidad de fortalecer la seguridad en la frontera, el control de ingresos al país mediante un estricto sistema de visas y la aplicación de sanciones a quienes contraten a empleados indocumentados. Estas tres medidas se presentan como el eje indispensable para considerar cualquier tipo de ley encaminada a la regularización del estatus migratorio de la población sin documentos.

Sigue leyendo

Víctimas de violencia esperan asilo tras las rejas

 

tbi

 

“Buenas tardes. Soy Delmy y le estoy hablando del Centro de Detención”. La voz al otro lado de la línea suena débil. Puede ser porque Delmy, junto con otras nueve mujeres que esperan detenidas en el mismo sitio, lleva tres días en huelga de hambre. Puede ser también porque después de casi seis meses, la angustia empieza a ganar terreno. “Estoy desesperada. A veces siento que ya no puedo más”, dice con la voz quebrada.

Delmy Calderón, de 42 años, es parte de los 800 detenidos para los cuales tiene cupo el Centro de Detención de El Paso, Texas –la cifra es flotante; en septiembre de 2013, por ejemplo, había 785 detenidos–. Al lugar se le conoce oficialmente  como “centro de procesamiento”: el sitio en el que indocumentados que han sido arrestados por agentes de inmigración, o se han entregado voluntariamente en territorio estadunidense o en alguna de las garitas de ingreso al país pidiendo una visa humanitaria o asilo político, esperan la resolución de un juez para quedar en libertad o para ser deportados a sus países de origen. La mayoría proviene de México, pero es común encontrar personas de países centroamericanos, e incluso de China, India o Australia.

Sigue leyendo

‘Cuando camino estas calles me voy fijando, a ver si la miro”

IMG_1598

Tomasa Gómez tiene el gesto adusto. Ve con recelo alrededor, asegura su bolso sobre el hombro, observa. Cuando uno se acerca sonríe, pero la sonrisa es apenas una mueca que los ojos, tristes, vacíos, contradicen.

Tomasa salió de Vallecillo, Honduras, hace más de ocho días. Viene en la Caravana de Madres Centroamericanas: 48 mujeres que por novena ocasión recorren la misma ruta siguiendo los pasos de sus hijos en su intento por llegar a Estados Unidos; hijos de los que no saben nada desde hace años.

Esta novena caravana, encabezada por la organización Movimiento Migrante Mesoamericano, inició el 2 de diciembre en Tabasco, aunque las madres salieron de Honduras, Nicaragua, Guatemala, varios días antes. Como en ocasiones anteriores, su objetivo es encontrar una pista que lleve al paradero del hijo o la hija que se reportó desde México por última vez: México, el país desde el cual se escuchan tantas cosas aterradoras, el que en los últimos años les ha ocasionado tanto dolor.

Sigue leyendo

Treinta Dreamers de vuelta a casa

bth

Son las seis de la tarde del sábado 28 de septiembre y Nuevo Laredo, Tamaulipas, está medio muerto. No se ve el movimiento de fin de semana en una ciudad cualquiera, pero eso es porque Nuevo Laredo ha transitado por tiempos marcados por la violencia. Hay apenas algunos negocios abiertos, la mayoría de comida, entre las calles que, entre más alejadas del centro, más áridas y polvorientas se ven.

En una de estas calles, entre los montones de tierra que ha dejado una reparación inconclusa, se encuentra la Casa del Migrante Nazareth, un albergue de la red de los misioneros Scalabrinianos que todos los días recibe migrantes deportados de Estados Unidos, o a aquellos que apenas van en camino. y requieren de un sitio en donde descansar antes del cruce tras días de camino, desde otros estados de México o de algunos países centroamericanos. La casa tiene cupo para 140 personas; este fin de semana, el último de septiembre, 30 de ellas son Dreamers.

Sigue leyendo